He leído un reportaje publicado en LG al señor Fabián Soberón (24/07) bajo el título “Tucumán ante el espejo: del rechazo al ‘Bernabé Aráoz mulato’ al racismo de Alberdi”, del que se deduce que deberíamos encontrar el fundamento de nuestro “racismo” (una de las tantas formas de discriminación) en la páginas escritas por el autor de las “Bases”. Creo que el señor Soberón se equivoca. Si hay que encontrar referencias más nítidas en el pensamiento argentino de “racismo” tendría que haber citado a D. F. Sarmiento y a J. Ingenieros. En ambos era sustancial un racismo biológico radical que no solo se mantuvo intacto a lo largo de sus vidas, sino que se agudizó en sus últimos años. Por el contrario, el “racismo” de Alberdi se refería a los hábitos de trabajo, tomando como modelo a las naciones que iban a la cabeza de la revolución industrial y la modernidad capitalista, que nadie dudaba era el camino que debían seguir entonces los países hispanoamericanos. Es decir, su “racismo” era de índole cultural y no sugería el exterminio de gauchos ni de indígenas, ni justificó la esclavitud (¡como hacía José Ingenieros todavía en el siglo XX!), por lo que la matriz eurocéntrica de sus ideas (también generalizada en estas tierras) se fue moderando con el curso de los años. Y ello no fue producto de lecturas, sino de su experiencia política. Cuestionó desde muy joven la dicotomía iluminista (es decir, propia del siglo XVIII) de “civilización y barbarie”, impugnó el exclusivismo porteño (tanto el de Rosas como el de Mitre), inspiró la Constitución de 1853 (que entre otras cosas derogó la esclavitud), defendió a los pueblos del interior y a sus caudillos de la prepotencia mitrista y, junto a José Hernández, Carlos Guido y Spano y Olegario Andrade, levantó su airada y potente voz contra la criminal agresión al pueblo guaraní en ocasión de llamada “Guerra de la Triple Alianza”. Por otra parte, del reportaje aludido se desprende que la principal forma de discriminación en la Argentina es la “racial”, la discriminación étnica, lo que se entiende “racismo” a secas, cuando en realidad hay razones para afirmar que en nuestra historia la discriminación dominante fue (y es) la originada en las diferencias de clase, amén de la también inmemorial discriminación de género. Al respecto, siendo niño de primaria un día me llamó la atención que un compañerito de tez trigueña insultara a otro, un niño rubio de ojos claros, con un despectivo “negro de m…”. Así comprendí rápidamente por qué el niño rubio era un “negro”: era muy, muy pobre… Y pocos años después escuché a niños, también de tez morena, referirse despectivamente al “pardaje”, constatando otra vez que no se hacía referencia a gente de tez oscura, sino a los sectores de bajos recursos… Digo, en este país se es “negro” aunque no lo revele el color de la piel, sino la condición social, sin adentrarnos en las connotaciones políticas del uso que tuvo y tiene el descalificativo. En síntesis, los pobres han sido los grandes discriminados de nuestra historia. Y lo siguen siendo, lo que es evidente. Y sobre la discriminación de género, qué decir… el tema ha sido suficientemente expuesto y probado por las feministas. Valoro que el señor Soberón se ocupe de estas temáticas, muy importantes, porque las prácticas discriminatorias están al día en la Argentina, como también en el resto del mundo, a veces con un salvajismo criminal. Pero debería afinar su enfoque y sus análisis con una cultura histórica más sólida.
Daniel Campi
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