Antes que el nombre del ganador, el Gran Premio de Hungría dejó una sensación poco habitual en la Fórmula 1 de esta temporada: durante gran parte de las 70 vueltas nadie podía asegurar quién iba a quedarse con la victoria. Hacía tiempo que una carrera no ofrecía tantas alternativas en la punta, con cambios de liderazgo provocados por el ritmo, las estrategias, las detenciones en boxes y hasta los problemas mecánicos. Lando Norris, Max Verstappen, Andrea Kimi Antonelli, Oscar Piastri, Lewis Hamilton y Charles Leclerc llegaron a verse, en distintos momentos, como candidatos reales al triunfo. El que terminó resolviendo ese rompecabezas fue Norris, que se quedó con su primera victoria del año y le devolvió a McLaren un festejo muy esperado.

La largada ya anticipó que sería una carrera distinta. Norris había partido desde la pole, pero Piastri le arrebató el liderazgo apenas comenzó la competencia. Detrás, Verstappen se acomodó tercero, Ferrari apostó por una estrategia diferente con neumáticos blandos y Antonelli se mantuvo al acecho. Ninguno logró escaparse y la pelea quedó abierta desde el inicio.

A partir de allí comenzó un verdadero juego de ajedrez. Ferrari intentó desarmar la carrera con un undercut sobre Verstappen y durante algunos minutos pareció haber encontrado el camino. Antonelli heredó la punta cuando los McLaren hicieron sus primeras detenciones y el joven italiano aprovechó para demostrar que también podía sostener el ritmo. Leclerc llegó a liderar, Hamilton apareció como candidato gracias a una estrategia agresiva y Verstappen nunca dejó de estar lo suficientemente cerca como para aprovechar cualquier error.

Lando Norris celebra junto a Max Verstappen y Andrea Kimi Antonelli tras completar el podio del Gran Premio de Hungría.

Las diferencias eran mínimas y cualquier ingreso a boxes cambiaba por completo el orden. La sensación era que la carrera volvía a empezar cada pocas vueltas.

El momento decisivo llegó cuando Piastri perdió tiempo tras un toque con Carlos Sainz mientras intentaba superar al español, una maniobra que terminó condicionando la carrera del australiano. Poco después, cuando todavía buscaba recuperarse, una falla en la caja de cambios lo obligó a abandonar y dejó servido el camino para su compañero.

Norris aprovechó cada oportunidad. Administró mejor los neumáticos, ejecutó una estrategia sin errores y también sacó provecho del Virtual Safety Car provocado por el abandono de Piastri. Desde ese momento controló la diferencia sobre Verstappen y terminó cruzando la meta con 15 segundos de ventaja para conseguir su primera victoria de la temporada. Detrás finalizaron el neerlandés y Antonelli, que resistió hasta el final los ataques de Hamilton para completar un podio que premió la consistencia.

Muy distinta fue la historia de Franco Colapinto. El argentino cerró otro fin de semana complicado con Alpine y nunca logró encontrar el ritmo necesario para acercarse a la zona de puntos. Después de largar 13°, ganó una posición en los primeros metros, pero rápidamente volvió a quedar atrapado en el tráfico y perdió terreno. La primera parada en boxes tampoco lo favoreció: regresó detrás de Lance Stroll y Alex Albon, situación que incluso cuestionó por radio.

Desde allí, la carrera se transformó en un largo intento por mantenerse cerca de rivales que parecían tener un ritmo superior. Mientras Aston Martin confirmó el salto que consiguió con las últimas actualizaciones, Alpine volvió a mostrar un rendimiento muy por debajo de Racing Bulls, Audi e incluso del equipo británico. Colapinto terminó 15°, dos vueltas detrás del ganador, y ni siquiera el Virtual Safety Car modificó un panorama que ya estaba definido.

Franco Colapinto lamenta el fin de semana y sostiene que

“No, no, para nada contento. Nos faltó muchísimo ritmo”, resumió el argentino, que incluso deslizó la posibilidad de que su auto hubiera sufrido algún daño. “El balance y el agarre eran muy extraños. Tenemos que entender qué pasó”, explicó.

Así terminó una carrera que dejó dos historias completamente distintas. Adelante, la Fórmula 1 ofreció probablemente el Gran Premio más cambiante y emocionante de la temporada. Más atrás, Alpine confirmó que llega al receso con mucho más trabajo que certezas y con Colapinto esperando que las mejoras prometidas para Zandvoort cambien un panorama que, en Hungría, volvió a ser demasiado cuesta arriba.