A cuarenta años de la muerte de Jorge Luis Borges, su obra volverá esta noche al escenario del Teatro San Martín a través de la voz de Leonor Benedetto y del piano de Alberto Favero. “Borges, el eco infinito” propone un recorrido por textos y poemas del autor argentino desde una puesta íntima, en la que la interpretación y la música construyen una experiencia que supera una lectura convencional.
La función será hoy a las 20, en el Teatro San Martín, ubicado en avenida Sarmiento 601, con entrada libre y gratuita. La propuesta es una iniciativa de la Secretaría de Cultura de la Nación y del grupo Borges Tucumán, con la colaboración del Ente Cultural de Tucumán y el auspicio de la Universidad San Pablo T. El repertorio incluye El Aleph, Milonga del infiel, Los conjurados, El remordimiento, A Johannes Brahms y Juan López y John Ward. Benedetto eligió los textos y tendrá a su cargo la lectura, mientras Favero acompañará cada pasaje con composiciones originales en vivo.
Ceremonia compartida
Para Benedetto, la unión entre literatura y música no responde a una decisión forzada. “Esta propuesta es casi una cosa de la naturaleza, porque Borges escribe musicalmente”, afirmó. Según explicó, los textos y los conceptos del autor conducen hacia un estado en el que la relación con el público adquiere una dimensión especial.
“No diría que nos lleva a estados de meditación, pero casi. Son estados donde no cabe otra cosa y donde se produce con el público algo que se parece bastante a una comunión única”, expresó. También advirtió que esa experiencia depende de la disposición de quienes ocupan la sala. “Si el público no entra en esa idea de ceremonia que planteamos, es muy difícil que ocurra. Sin embargo, eso es mérito de Borges más que nuestro”, sostuvo.
La actriz aclaró que el espectáculo no se apoya en los recursos de una actuación tradicional. No hay un personaje que construir ni una voz impostada que deba imponerse sobre el texto. “Esto no consiste en aprenderse la letra ni en pensar en interpretar a otra persona. Es otra cosa”, explicó.
“Leer para apuntar hacia el corazón del público necesita una preparación diferente”, señaló Benedetto. Esa preparación exige, según dijo, abandonar certezas y colocarse frente a la obra desde una profunda modestia. “Si no estás dispuesto a abandonar todo lo que sabés antes de empezar a recitarlo y entenderlo, es muy difícil. De verdad, es un acto de amor profundo”, afirmó.
Espíritu e intelecto
Por su parte, Favero sitúa el origen de la propuesta artística en la admiración compartida por Borges. “El espectáculo surgió de la admiración común que sentimos por él, por el maestro Borges. Es un maestro porque, en sus textos, nos enseña los caminos”, afirmó.
Para el pianista, director de orquersta y compositor, la riqueza del autor no reside solo en las historias que escribió, sino en las ideas que dejó dentro de ellas. “No pensaba solamente en anécdotas ni en historias, sino que muchas veces utilizaba las historias para expresar ideas más complejas, que se dejaban traslucir a través de ellas”, explicó.
A la hora de componer, Favero explicó que los músicos, sobre todo los compositores, están acostumbrados a crear el material desde cero. “No engañamos ni buscamos manipular lo que queremos expresar de ninguna manera. Vemos el charco y nos zambullimos en él. Eso es lo que hacía Borges. Se sentía instrumentado por la intuición y por lo que le dictaba su espíritu, que es mucho más que su mente. El espíritu tiene una idea del propósito”, explicó.
En ese proceso, el intelecto tiene una función, pero no ocupa el centro absoluto. “Una vez que el intelecto está en línea, debe saber que no es el dueño de la cancha. El dueño de la cancha es el espíritu”, afirmó Favero.
El compositor resumió esa tarea con una imagen cotidiana. “Yo trabajo sobre aquello que los brasileños llaman el molho, es decir, el tuco o la salsa que envuelve el contenido y ayuda, desde lo climático, a que se entienda”, explicó.
“La música no puede estar por encima de la palabra. Si estuviera por encima, la aturdiría y el mensaje no llegaría”, advirtió. Por esa razón, su participación busca crear el clima necesario para que la voz conserve el protagonismo y el sentido de cada texto llegue con claridad.
La improvisación también forma parte del espectáculo, aunque Favero diferencia esa práctica de la falta de preparación. Para él, improvisar implica “componer en tiempo real, sin borradores”. “Para eso no solamente se necesita sensibilidad, sino también arrojo y la sensación de que aquello que se hace es correcto. Si no es correcto, no sale”, afirmó. Ese estado, explicó, se alcanza con experiencia y práctica.
El arte como refugio
Benedetto extiende la reflexión hacia el lugar del arte en el presente. Frente a un contexto que considera difícil para la Argentina y el mundo, la actriz rechaza la figura del artista que pretende impartir certezas desde una posición superior. “Desde este lugar es muy fácil subirse a un banquito, levantar el dedo y decir qué hay que hacer y qué no. Creo que nadie sabe qué hay que hacer”, sostuvo.
En cambio, propuso pensar la actividad artística como una herramienta capaz de crear comunidad. “Hay que tratar de reemplazar el miedo por la duda, por una pregunta o por curiosidad”, expresó. “El arte es una puerta hacia la transformación humana”, afirmó.
Para Benedetto, esa experiencia también requiere una disposición personal y la participación del público. “No pretendo nada con esta propuesta, del mismo modo que no pretendería nada si fuera a misa. Busco un momento de conexión con algo que me supera y nada más. Si puedo entrar en ese estado, la experiencia ocurre”, dijo y agregó: “El público es un elemento indispensable. Una misa no se oficia sin fieles. Se trata de crear una comunidad en un momento muy difícil, no solo para la Argentina, sino para todo el mundo”.
La actriz también consideró necesario recuperar una mirada interior. “Hay que mirar un poco hacia adentro y buscar, como hacían los antiguos, en las fuentes, para encontrar algo de sabiduría. También para evitar que nos lastimen tanto quienes, en lugar de esclarecer a las personas, buscan su esclavitud”, sostuvo.
“El arte es una ayuda irremplazable para impedir que eso se introduzca en nosotros y nos convierta en un grupo de obedientes”, concluyó.