Drogas y juegos
Los tres poderes del Estado, tanto a nivel nacional como provincial, nunca comenzaron realmente a combatir de manera integral las distintas adicciones que atraviesan a nuestra sociedad. Existen leyes, programas y discursos, pero en la práctica muchos de ellos no se cumplen o resultan insuficientes. Mientras tanto, quienes padecen una adicción a las drogas, al juego u otras conductas adictivas quedan, en gran medida, abandonados a su suerte. Y junto con ellos, sus familias, que muchas veces no saben cómo abordar una enfermedad compleja, dolorosa y devastadora. El Estado no puede limitarse a sancionar leyes que luego no se aplican. Debe prevenir, educar, asistir y acompañar. Porque detrás de cada adicción hay una persona enferma y, casi siempre, una familia que también necesita ayuda. La lucha contra las adicciones no puede seguir siendo una promesa, una estadística o una ley escrita. Es una obligación concreta del Estado y una deuda que, hasta hoy, sigue sin ser asumida.
Williams Fanlo
willyucr@gmail.com
Avenida Julio Argentino Roca
Las calles de cualquier ciudad tienen tanto identificación de nombres como secuencia numeral para indicar con precisión un domicilio determinado. De estas dos características, el nombre identifica la trascendencia que esa ciudad da a las costumbres, lugares emblemáticos, objetos de la naturaleza, acontecimientos históricos, y nombres propios de personas destacadas tanto locales como nacionales o mundiales que merecen ser recordadas y valoradas por su heroicidad, sus aportes a la humanidad, por sus valores morales ejemplificadores, otorgando a esa ciudad el nivel ético y respetuoso que valoran sus ciudadanos. En este juicio de valores necesitamos detenernos para que se subsane un imperdonable error en la identificación de una de las arterias más importantes de San Miguel de Tucumán y de otras ciudades del interior provincial. La verdadera historia muestra la enorme trascendencia que el tucumano Julio Argentino Roca, legara con otros tucumanos como Marco y Nicolás Avellaneda, que junto al sanjuanino Sarmiento y demás integrantes de la llamada “Generación del 80”, tantos adelantos que llevaron a Argentina a finales de la década de 1920 a ser la 6ª economía mundial además de ser el país americano con el menor índice de analfabetismo de todo este continente. Por obsecuencia o adhesión a falsos relatos ideológicos, algunos funcionarios tergiversaron la memoria histórica otorgando laureles a un personaje nefasto de dudosa moralidad y concretas pruebas de corrupción en juicios penales que se interrumpieron por la inesperada muerte de dicho personaje. Por todo ello, los abajo firmantes intentamos llegar con la presente a las actuales autoridades responsables, para que dispongan devolver a aquella arteria vial su nombre original: Julio Argentino Roca, en toda su extensión.
Luis Vides Almonacid, Ricardo Sanz, Horacio Martínez y varias firmas más
Pje. Centenario 1.830 - Yerba Buena
Revolución de 1890
El 26 de julio se conmemora un nuevo aniversario de una gesta que fue el inicio de un derrotero para la sociedad argentina a fines del siglo XIX y hasta el día de hoy los motivos que llevaron a lo que se denominó en su entonces como la Revolución del Parque perdura. En 1890 bajo el impulso de un verdadero revolucionario como lo fuera Leandro N. Alem, Aristóbulo del Valle y tantos otros que luego brillaran a través del tiempo en la política argentina produjeron la insurrección cívico militar en contra del Gobierno del fraude y oligárquico que albergara a la casta conservadora de ese entonces. Si bien la gesta revolucionaria fracasó, quedó en la mente de ese entonces unas palabras pronunciadas en el Congreso de la Nación por parte de un legislador cordobés: “La Revolución esta vencida, pero el gobierno está muerto”; lo que produjo inmediatamente la renuncia de Juárez Celman, siendo sucedido por Carlos Pellegrini en el Gobierno. Esta gesta, que diera mucho de hablar fue que al poco tiempo se fundara un 26 de junio de 1891 la UCR; los valores y la doctrina que dieron lugar a su nacimiento permanecen inalterables de quienes todavía sin abandonar el partido y la doctrina seguimos a la par de él.
José Luis Avignone
Marcos Paz 922 - S. M. de Tucumán
Transporte público
Quisiera abrir un debate serio sobre el futuro del transporte público de pasajeros en San Miguel de Tucumán. Desde hace tiempo los vecinos soportamos aumentos en la tarifa, demoras, frecuencias insuficientes y un servicio que, en muchos casos, no responde a las necesidades de quienes dependen diariamente del colectivo para trabajar, estudiar o acceder a la salud. En este contexto, resultan especialmente relevantes las declaraciones de Carlos Arnedo, Secretario de Movilidad Urbana, quien puso de manifiesto las sanciones y exigencias de la Secretaría de Movilidad Urbana hacia las empresas prestatarias. Sus expresiones confirman que no se trata solo de una queja de los usuarios, sino de una situación que también ha merecido observaciones y medidas por parte de la autoridad competente. Ante esta realidad, presenté ante la Municipalidad y el Concejo Deliberante un proyecto para la creación de una Empresa Estatal Municipal de Transporte Público de Pasajeros Gratuito, convencido de que el transporte debe ser considerado un servicio público esencial y no únicamente un negocio. Mi propuesta no consiste en una simple expresión de deseos. Se basa en experiencias de ciudades del mundo que han implementado sistemas de gratuidad o de fuerte participación estatal, demostrando que existen alternativas cuando hay decisión política, planificación y transparencia. Asimismo, considero indispensable que los ciudadanos participemos activamente en el control del sistema. Por ello también propongo la creación de una Comisión Vecinal de Contralor del Transporte Público, integrada por representantes de los distintos barrios recorridos por las 14 líneas urbanas, para colaborar en el seguimiento de las frecuencias, el estado de las unidades y el cumplimiento del servicio. Los tucumanos tenemos derecho a conocer con claridad cómo se administran los recursos destinados al transporte y a debatir propuestas que permitan mejorar un servicio esencial para toda la comunidad. Espero que este aporte sirva para promover un intercambio de ideas respetuoso y constructivo, pensando siempre en el bienestar de los vecinos de San Miguel de Tucumán.
Rodolfo Raúl Luna
Pje. Los Naranjos 367 – S. M. de Tucumán
¿Argentina Racista?
Entre las nimiedades que circularon por la Red, hay una, surgida luego del Mundial, que afirma que Argentina es racista: hubo pocos países con la generosidad con la que Argentina ha recibido a habitantes de todo el mundo, sin distinción de razas, credos o ideologías. Si hay algo que admiro de nuestro país es la apertura que siempre tuvo: aquí hemos recibido a estudiantes del resto de América latina sin barreras, hemos protegido a personas en nuestros hospitales (gratuitos) y podemos ir sentados en el ómnibus al lado de un libanés, de un árabe… o de cual sea su origen y religión conviviendo en paz con ellos. Por eso es que me sorprende que una señora (Lucrecia Martel) aparecida su nota en LA GACETA de este sábado haya sostenido que tenemos que aceptar el hecho de que somos racistas. No comparto esa idea… ya en nuestra Constitución está escrito (“a toda persona de buena voluntad que quiera habitar el suelo argentino”). ¿Acaso muchos de nuestros ancestros no han bajado de los barcos? ¿Acaso no fueron nuestros abuelos los que con sus manos construyeron este hermoso país? Siempre consideré a Argentina como unos de los países con la integración más lograda en cuanto a asimilar extranjeros. En la ciudad de Buenos Aires hay (ya trabajando en diferentes cosas) alrededor de un millón de venezolanos. ¿Argentina, racista?…. no lo creo, señora.
Franco Eugenio Nanni
franco1618@icloud.com
Bancos sin baños
Seguramente te has preguntado: ¿por qué los Bancos no tienen baños para sus clientes? La respuesta corta es que no existe ninguna ley o reglamentación que los obligue a habilitarlos; por lo tanto, cada entidad puede adoptar libremente las medidas que considere necesarias. Sin embargo, debo decir que la habilitación de sanitarios para los clientes sería una medida que muchas personas agradecerían ya que, en general, las filas en algunas instituciones pueden exigir horas de espera. Ahora bien, ¿cómo se podría habilitar ese servicio de manera segura? Según las recomendaciones vigentes, lo ideal es que los sanitarios de clientes cuenten con acceso exclusivo desde las áreas comunes del edificio, evitando así el contacto del público general con áreas sensibles de funcionamiento interno, manteniendo blindada la seguridad. Dicho esto, creo que en Tucumán los primeros en adoptar estas medidas deberían ser el Banco Nación y el Macro por tratarse de las entidades que manejan las cuentas oficiales y los pagos públicos, generándoles ganancias millonarias custodiando los fondos públicos. Lo mínimo que deberían hacer, en consecuencia, es custodiar también la dignidad de los jubilados y empleados públicos y privados tucumanos que los sostienen.
Marcelo Daniel Castagno
marcelocastagno@yahoo.com.ar
Del senado de Alfredo Palacios al senado de hoy
Desde agosto, los senadores nacionales percibirán una dieta bruta cercana a los 12 millones de pesos mensuales. En un país donde millones de jubilados viven con el haber mínimo, la noticia volvió a despertar una pregunta tan sencilla como incómoda: ¿cuál es el fundamento para que los representantes de la Nación perciban semejantes remuneraciones en una Argentina que atraviesa una crisis económica permanente? Nadie discute que un senador deba recibir una remuneración digna. Lo que la ciudadanía se pregunta es otra cosa: ¿qué nivel de trabajo, de producción legislativa y de responsabilidad justifica una dieta que equivale a decenas de jubilaciones mínimas? Quizá la mejor manera de responder esa pregunta sea mirar hacia atrás. Hace poco más de un siglo, el Congreso argentino contaba con figuras como Alfredo Palacios y Lisandro de la Torre. Eran hombres de una sólida formación intelectual que preparaban personalmente sus discursos, estudiaban los expedientes, leían jurisprudencia, analizaban antecedentes y debatían durante horas en el recinto. Consultaban especialistas cuando era necesario, pero no existían los numerosos equipos de asesores rentados que hoy forman parte habitual de la estructura parlamentaria. La diferencia no es solamente administrativa; expresa una concepción distinta del ejercicio de la política. El prestigio de aquellos legisladores descansaba en su capacidad de estudiar, argumentar y convencer. El conocimiento no podía delegarse. En la actualidad, los senadores cuentan con equipos técnicos, asesores, colaboradores administrativos y estructuras financiadas con recursos públicos. Es razonable que temas cada vez más complejos requieran apoyo profesional. Sin embargo, también es legítimo preguntarse dónde termina la asistencia técnica necesaria y dónde comienza una estructura burocrática difícil de justificar. Otro contraste aparece en las dietas. Alfredo Palacios llegó a cuestionar públicamente los aumentos de las remuneraciones parlamentarias, sosteniendo que la función legislativa debía ser, ante todo, un servicio público y que el Congreso no podía vivir de espaldas a la realidad económica de la población. Esa concepción parece hoy muy lejana. También merece analizarse la actividad parlamentaria. Más que preguntarse cuánto gana un senador, quizá habría que conocer cuántas sesiones asistió, cuántas veces tomó la palabra, qué proyectos presentó, cuáles logró convertir en ley, cuánto trabajó en comisiones y cuál fue el aporte concreto realizado durante su mandato. La transparencia no debería limitarse al patrimonio de los funcionarios; también debería abarcar su productividad. Naturalmente, la Argentina del siglo XXI no es la de comienzos del siglo pasado. Las leyes son más complejas, la tecnología transformó el Estado y la especialización resulta indispensable. Pero esa realidad no elimina una obligación esencial: rendir cuentas. Tal vez la discusión no deba centrarse únicamente en sí una dieta es alta o baja. La verdadera pregunta es otra: ¿están los ciudadanos recibiendo, a cambio de esos recursos, un Congreso activo, estudioso, presente y comprometido con los problemas del país? Porque, al fin de cuentas, la autoridad de un legislador nunca debería medirse por el tamaño de su despacho, la cantidad de asesores que lo rodean o el monto de su sueldo, sino por la calidad de sus ideas, la seriedad de su trabajo y el respeto que logre despertar en quienes lo eligieron.
Juan L. Marcotullio
Marcotulliojuan@gmail.com
Un juego literario
La realidad argentina es tan compleja que se extraña la inteligencia de quienes supieron dejar en tinta y papel su huella indeleble. Si Borges y Cortázar pudieren jugar con trebejos y escaques del presente, podrían desafiarse e intentar clasificar, como en aquella imaginaria enciclopedia china, los seres de fantasía, o no tanto, protagonistas de nuestra sociedad. Jorge Luis y Julio con categorías cruzadas se divertirían un rato al afirmar que en este laberinto hay “famas” que viven encerrados en sus castillos con guardias en la puerta, otros más jóvenes que siempre tienen clases, los que no pagan impuestos al emperador, los que cobran jubilaciones especiales, algunos que gustan de comprar dólares o conocer la India, los que eligen entre pata o muslo y los que mienten a través de los medios de comunicación. También hay “cronopios” que montados en su utopía, cortan las calles con sus justas marchas, los que escriben canciones de unicornios perdidos, los que levantan banderas y pancartas de variados colores y consignas, los que se niegan a abandonar a los abuelos, otros que siguen usando el correo para comunicarse y los que buscan a los dueños de las billeteras o llaves encontradas. Finalmente están “las esperanzas” que se levantan a las seis de la mañana para ir a trabajar y saludan al barrendero al salir, que hacen la cola del Banco con los otros jubilados, los que siempre hacen las tareas escolares, los que miran los programas de televisión para ver el tiempo, otros que se vacunan en los dispensarios públicos y los que dejan de cargar nafta premium. Todos podemos jugar el juego. El que no ve los privilegios, los paraísos perdidos o se conforma con seguir viviendo, es porque prefiere olvidar que existe la belleza en el amarillo de los tigres. O su desgano por lo lúdico se deba a sentir que poco a poco sus espacios vitales han sido ocupados, ya no tiene sentido el juego literario, cierra la puerta y arroja la llave. Sirvan estas palabras para pensar un poco en nuestra realidad y a la vez homenajear a aquellos que como Borges o Cortázar descubrieron el sendero que lleva del verbo a la pasión y de la emoción a la acción.
Miguel Ángel Reguera
miguelreguera@yahoo.com.ar