(Carta de una ucraniana en una visita a Tucumán). Cuando viajé a Argentina sabía que iba a coincidir con algún partido. Lo que no imaginaba era que iba a vivir algo mucho más grande que un simple encuentro de fútbol. La primera vez tuve suerte: Argentina ganó. Fue increíble ver cómo todo un país celebraba. Personas abrazándose, cantando, sonriendo... Todos unidos por una misma emoción. Había tanta vida y tanta pasión en cada persona que era imposible no emocionarse. Y la segunda vez también tuve suerte. Argentina volvió a ganar. Había todavía más alegría, más emoción, más fiesta. Porque el equipo había llegado a la final. Y este domingo llegó ese día. La ciudad entera estuvo en silencio, esperando el partido. Sentía que en la cancha no jugaban solo 11 futbolistas, sino todo un pueblo. Cada argentino vivía el partido como si estuviera ahí, defendiendo esos colores. Y, sinceramente, lo que más miedo me daba no era el resultado. Era ver cómo reaccionaría la gente si Argentina perdía. Después de todo... era una final. Lamentablemente, Argentina no pudo quedarse con la victoria. Pero, ¿acaso un verdadero ganador es solo quien siempre gana? Para mí, un verdadero ganador es quien lucha hasta el final y sabe perder con dignidad. Y eso fue exactamente lo que vi. No vi enojo. No vi violencia. No vi odio. Vi gratitud. Gratitud hacia un equipo que lo dejó todo en la cancha. Vi orgullo, amor y un apoyo incondicional. Y eso fue lo que más me conmovió. Y al otro día por la mañana las calles estarán limpias y bien mantenidas de nuevo. Justo como lo fueron después de cada victoria. Como si la noche de fiesta o la amargura de la derrota fuera solo un momento. Este domingo me enamoré aún más de Argentina. No para el fútbol. Pero para la gente.
Tatiana Panasevych, de Ucrania
Carta entregada por Silvia C. Rodríguez
Chacabuco 263 - 10° C - S. M. de Tucumán