A las cuatro de la mañana suena el despertador de Rosa Sosa. Mientras gran parte de Nueva Esperanza todavía duerme, ella comienza un viaje de varias horas para llegar a la Escuela N° 973 de El Cambiado, un pequeño establecimiento rural del departamento Pellegrini, donde asisten apenas 13 alumnos de primaria y cuatro de secundaria.

De lunes a viernes permanece en la escuela y recién regresa a su casa durante el fin de semana. El resto de los docentes también debe recorrer largas distancias desde Nueva Esperanza o desde la ciudad de Santiago del Estero para poder dar clases.

"El desafío más grande es llegar a la escuela. Yo tengo que salir a las cuatro para llegar a horario. Es muy difícil cuando es época de lluvia porque el camino se pone muy complicado", cuenta la directora.

La matrícula reducida obliga a multiplicar funciones. Rosa enseña a los alumnos del primer y segundo ciclo en un aula multigrado, donde chicos de distintas edades comparten el mismo espacio.

"Intento nivelar para los más chicos, pero es difícil porque muchas veces doy los mismos temas para todos. Trabajamos con libros que nos envían desde Nación. Además doy Educación Física, Tecnología y los miércoles también Inglés", explica.

Por la tarde funcionan octavo y noveno año. Después de ese nivel, los estudiantes deben continuar sus estudios en Las Delicias o en El Bobadal, lo que implica nuevos traslados para las familias.

En medio del aislamiento, la escuela también se convirtió durante el Mundial en un punto de encuentro para toda la comunidad.

Gracias al servicio de Starlink instalado en el establecimiento, organizaron transmisiones de los partidos de la Selección Argentina.

"Pusimos el televisor de la escuela y conectamos todo para ver los partidos. Uno fue a la siesta y se llenó de gente. Vinieron muchos vecinos para verlo con nosotros. Había chicos que viven más lejos y también se acercaron", recuerda.

La Copa del Mundo también ingresó al aula. Los alumnos confeccionaron un gran telón alusivo al torneo y aprovecharon la competencia para aprender sobre los distintos países participantes.

Entre caminos de tierra, largas distancias y aulas compartidas, la Escuela N° 973 continúa siendo mucho más que un lugar para estudiar: es el punto donde una comunidad dispersa encuentra un espacio para aprender, reunirse y sentirse parte de algo mucho más grande.