En el Hard Rock Stadium de Miami, con el podio del Mundial como único premio en juego, Inglaterra y Francia dejaron una definición que no tuvo nada de partido de consuelo: seis goles ingleses, cuatro franceses, y una montaña rusa que terminó 6-4 a favor de los “Tres Leones”. El resultado más goleador de todo el certamen quedó, paradójicamente, en el partido que menos importaba en la tabla, muy por encima del promedio habitual de estos duelos por el bronce, que rara vez superan los tres o cuatro goles combinados.
Thomas Tuchel armó una Inglaterra distinta a la que cayó ante Argentina, con rotaciones pensadas para los futbolistas que todavía peleaban premios individuales, y encontró una fórmula que funcionó por reparto: Declan Rice, Ezri Konsa, Jude Bellingham y un Bukayo Saka que terminó con un hat-trick se turnaron para anotar los seis goles ingleses. No hubo un solo nombre que sostuviera el ataque, sino una ventaja construida entre varios, la marca de un equipo que, sin la obligación de ganar nada, jugó igual con la misma verticalidad que lo había llevado hasta las semifinales. Harry Kane, capitán y máximo referente histórico del gol inglés, no marcó esta vez, pero no le hizo falta al equipo: encontró la red por otros caminos, con Bellingham llegando a siete tantos en el torneo, lejos igual de la cima de los goleadores.
Despedida impensada
Del otro lado, Didier Deschamps se despidió del banco francés después de 15 años con una derrota que resumió buena parte de los problemas de este Mundial: una dependencia casi total de Kylian Mbappé para generar peligro. El delantero de Real Madrid convirtió dos goles y asistió a Bradley Barcola para otro, en una exhibición individual que llevó a Francia a empatar 4-3 en el complemento tras quedar abajo en el marcador. Pero la reacción, sostenida casi en soledad por Mbappé, no alcanzó para torcer un partido que Inglaterra ya había desequilibrado con la profundidad de su banco de ataque.
Así está la pelea por la bota de Oro
Más allá del resultado, el 6-4 dejó un dato que trasciende el podio: Mbappé llegó a los diez goles en este Mundial, superó a Lionel Messi como máximo goleador histórico de la Copa del Mundo al alcanzar las 22 conquistas en total, y se quedó, al menos hasta la final de mañana, con la bota de Oro del torneo. Messi, que llega a la definición contra España con ocho tantos, tiene una última chance de recuperar el podio individual en el partido más importante de todos, pero por ahora el registro histórico quedó en manos del francés.
Tácticamente, el partido explicó bastante de por qué ambas selecciones se quedaron en el camino a la final. Inglaterra mostró la misma fragilidad defensiva que la había complicado ante Argentina, permitiendo una y otra vez el desborde individual francés, pero compensó con una llegada de gol repartida en toda la cancha: un mediocampista de contención como Rice y un central como Konsa metiéndose en el área rival hablan de un plan ofensivo que no dependió de una sola pieza. Francia, en cambio, mostró otra vez el límite que la semifinal ante España ya había expuesto: fuera de Mbappé, el resto del ataque, Barcola, Dembélé, Michael Olise, apareció de manera intermitente, sin la conexión necesaria para sostener durante noventa minutos una ofensiva de ese calibre.
El resultado no cambia nada en la tabla final del Mundial, pero deja una fotografía elocuente antes de la definición de mañana: un partido sin presión terminó siendo el más espectacular del torneo, con diez goles y una marca histórica en el medio. Inglaterra cierra su participación con el mejor recuerdo posible después de la angustia de la semifinal, y Francia se despide con la sensación de haber dependido, una vez más, de un solo hombre para sostener las ilusiones de un plantel completo. Ninguno jugará la final, pero ambos dejaron en Miami una síntesis fiel de lo que fueron en el certamen.