COMPILACIÓN

AMIGOS

SYLVIA MOLLOY

(Eterna Cadencia – Buenos Aires)

Lo primero que deslumbra en esta fascinante antología de ensayos y cartas compilada por Adriana Amante sobre la vida, obra y milagros de Sylvia Molloy sobre sus amigos escritores muertos en su diálogo con Enrique Pezzoni: pocas veces he leído algo tan cómplice, divertido, brillante y fraterno como esas cartas que van y vienen con una alegría talentosa y genial: Enrique la llama “Mi querida Kalina”, “Miss Kulina Peedaxis”, “Musa mistonga”, “mi querida Percantina”, etcétera; y ella, “Darling”. Pezzoni le escribe: “Mi Musha Mistonga: No sabés la cantidad de cartas que te escribí y que me fueron devueltas… Querida mía: Estoy admirado y muerto de envidia por ta these. Es un trabajo fenomenal y lleno de inteligencia. … Dios mío, si alguna vez yo pudiera escribir un libro así...”; “Mi amorosa adorada: te quiero y escribime enseguida, Enrique”.

“De Molloy a Cozarinsky”

“Mon chou: te contesto con una rapidez relativamente ejemplar pero no sé cuándo te llegará esta carta porque los carteros se nos han abribonado y están todos en casa (en las propias, perish the thought) jugando al truco y esperando que Nixon les aumente el sueldo. Yo cobré tus diecisiete dólares; diecisiete que deposité sabiamente en mi cuenta de ahorros… Algunas noticias: vuelvo a armar mis bultos y me largo de Vassar to Princenton and stardom… Qué suerte que estés haciendo el film… en serio estoy muy contenta de que por fin lo hayas podido hacer…”

De Puig a Molloy:

Sylvia found & lost: aquí estoy en este horror; ¡peor que nunca! En Méjico me fue regio, decile a Jorge que su país es divino, la gente se toma su tiempo, no hay rush, nervios y me fui a un prostíbulo (alias casa de baños) donde los empleados eran solícitos y joviales, sin traza de culpa. Pero tan poquitos días… En Río también bárbaro pero no lo encontré a EL, que vive en Belo Horizonte y por tener el padre enfermo no pudo viajar. Él es un sueño pero llenito de culpa, mi tesoro. Bueno, fíjate las cosas que te cuento…”

De Silvina Ocampo a Molloy:

Querida Sylvia: Te extraño mucho y tu carta me llenó de alegría, es claro que no puedo hablar de alegría en este momento pero es un modo de decir. Tus cuentos espléndidamente traducidos tendrían que ser releídos mil veces para encontrar reparos…”

De Molloy a Cozarinsky:

“Mi querido: muy compungida descubro que tu carta –que recibí hace siglos- was the very botton de la pila de cartas ah? por? contestar?, peligrosamente cerca de donde empieza OTRA pila casi subterránea de ‘cartas que nunca serán contestadas’…”

De Molloy a Victoria Ocampo:

Querida Victoria: Solo ahora me estoy recuperando de la pesadilla que fue para mí –de esto me doy cuenta ahora, a rebours- el mes que pasé en Buenos Aires. Tuve que volver a Princenton para sentirme verdaderamente despojada: para cobrar conciencia de que había levantado para siempre mis cosas…”

Señala Adriana Amante: “Son textos dolientes y de una encantadora picardía, que ilumina la obra que realizaron (sus amigos escritores) y que ella acompañó como confidente y lectora…”

Tal cual, ¡bienvenido el recuerdo, siempre vigente recuerdo, de tales amigos, amigos de la vida y de la obra de Enrique Pezzoni, de Jorge Luis Borges, de José Bianco, de Severo Sarduy, de Teddy Paz, de H.A. Murena, de Victoria Ocampo, de Edgardo Cozarinky y, desde luego y siempre, de Sylvia Molloy!

PERFIL

Sylvia Molloy (Buenos Aires, 1938 - Long Island, 2022) se doctoró en Literatura comparada en la Sorbonne, fue profesora en Princeton y Yale, y fundadora de la maestría de escritura creativa de la Universidad de Nueva York, donde recibió un doctorado honoris causa. Presidió la Modern Language Association of America y el Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana.

Fernando Sánchez Sorondo

 LA GACETA