Hay ciudades que se construyen tanto por sus grandes obras como por el cuidado de los espacios cotidianos. En Yerba Buena, esa premisa quedó demostrada en los últimos años con una serie de intervenciones que buscaron revalorizar el sector este de la ciudad. Sin embargo, todavía persiste una asignatura pendiente: el estado del tramo este del camino de sirga, una de las puertas de ingreso más importantes y, al mismo tiempo, una de las más postergadas.

Hace dos años, al inicio de la gestión municipal de Pablo Macchiarola, la Municipalidad de Yerba Buena y el Gobierno provincial coincidieron en un diagnóstico: esa zona debía recuperar protagonismo. El compromiso se tradujo en obras concretas. La creación del Parque Prebisch por parte de la UNT le dio un nuevo punto de encuentro a un sector históricamente relegado; la jerarquización de la avenida Solano Vera mejoró la conectividad y la imagen urbana; la construcción de nuevos puentes sobre el camino de sirga agilizó la circulación y favoreció el desarrollo de nuevos emprendimientos comerciales.

Es innegable que hubo avances. Hoy ese corredor tiene un movimiento económico mayor que hace algunos años y comienza a consolidarse como un nuevo polo de crecimiento para Yerba Buena. Pero el progreso pierde fuerza cuando, apenas unos metros más al sur, aparecen canales repletos de basura, alambrados destruidos, malezas sin control y un camino cuyo deterioro transmite una sensación de abandono. La infraestructura no puede medirse únicamente por las obras inauguradas. También debe evaluarse por su mantenimiento. Un espacio público descuidado no solo afecta la estética urbana; también repercute en la seguridad, en las condiciones ambientales y en la calidad de vida de los vecinos. Cuando los canales se convierten en basurales, el problema deja de ser visual para transformarse en sanitario y ambiental.

El invierno, además, representa la mejor oportunidad para intervenir. Es la época del año en la que las condiciones climáticas permiten realizar trabajos de limpieza, reparación y mantenimiento antes de que las lluvias intensas del verano vuelvan a poner a prueba la capacidad de desagüe y la resistencia de la infraestructura. Esperar a que lleguen las tormentas para reaccionar significa repetir una lógica que, una y otra vez, termina siendo más costosa. Las transformaciones urbanas requieren continuidad. De poco sirve impulsar proyectos que jerarquicen un sector si parte de ese mismo corredor permanece degradado. El Camino de Sirga ya demostró que puede convertirse en un eje de desarrollo para Yerba Buena. Ahora necesita que ese impulso alcance también a su tramo vulnerable.

Las ciudades no se distinguen solo por las obras emblemáticas que inauguran, sino por la capacidad de sostenerlas. El este del camino de sirga merece dejar de ser la excepción y convertirse, definitivamente, en parte del mismo proyecto de ciudad que Yerba Buena comenzó a construir.