El mensaje de los obispos en la celebración del Tedeum ha dejado ideas para reflexionar sobre la sociedad que vivimos y construimos día a día. Con diferente énfasis en sus apreciaciones sobre la realidad, los religiosos han puesto el acento en la necesidad de superar grietas, trabajar por la unidad y la inclusión.
El Arzobispo de Tucumán, Carlos Sánchez, instó a dejar de lado los privilegios y el egoísmo; reivindicó el rol del Estado como garante del bien común y pidió convertir la Casa Histórica en un símbolo de unidad familiar.
El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, por su parte, lanzó duras críticas contra quienes se enriquecen “escondidos, en todas las épocas, en cuevas de corrupción” y ejemplificó con la parábola del buen samaritano para instar a la reacción frente a la indiferencia hacia los que más sufren.
Monseñor Sánchez llamó a la reflexión profunda sobre la calidad democrática del país y dijo que “la responsabilidad de edificar el bien común compete en primer lugar al Estado, porque es la razón de ser de la autoridad política”. “Construir una vida democrática de inclusión e integración requiere el compromiso de todos”, añadió. Instó a los argentinos a madurar una “cultura del Encuentro” que reemplace la confrontación por el diálogo y utilizó la imagen de la Casa Histórica como una metáfora de la convivencia nacional. Ponderó que “sea también el signo de ser una casa de familia, donde todos somos importantes, valiosos, necesarios; y donde se respira el amor fraterno y superamos todos los rencores y divisiones”. Puso el ejemplo de “los changos de la Selección Argentina”, no por sus logros ni sus nombres propios, sino por “su profunda fe” y el “trabajo en equipo”.
Por su parte, monseñor García Cuerva cuestionó a quienes “aprovechan para dividirnos, para enfrentarnos, robándonos las esperanzas de salir juntos adelante, escondidos, en todas las épocas, en cuevas de corrupción, haciendo que los pobres sean cada vez más pobres, y ellos, escandalosamente, cada vez más ricos”.
Durante su homilía también volvió a poner el foco en las personas con discapacidad, como ya lo había señalado en el Tedeum del 25 de mayo. Pidió “invertir en los más débiles” y que los argentinos sean “independientes de la indiferencia y la insensibilidad frente a los que sufren”. Mencionó entre ellos a los enfermos, los jubilados; los adolescentes y jóvenes víctimas del narcotráfico; los desocupados y las personas con discapacidad. Allí puso énfasis en la parábola del buen samaritano que “vio al hombre herido y se conmovió”. Detenerse ante el sufrimiento ajeno, conmoverse y actuar con misericordia transforma la manera de vivir, de ejercer la ciudadanía y de trabajar, especificó.
Una reflexión final en la fecha patria deja la idea de que la independencia es una tarea inconclusa que se revalida cada día en el servicio solidario y en la lucha contra la exclusión social. Es importante tenerlo en cuenta.