Las camisetas celestes y blancas alteran la sobriedad del lugar. Entre los tonos apagados de los monumentos, el espejo de agua que rodea las tumbas de Martin Luther King Jr. y Coretta Scott King, y el silencio respetuoso de los visitantes, algunos argentinos caminan despacio, miran los carteles escritos en inglés, intentan entender las frases y levantan sus celulares para sacar fotos.
Por momentos, el silencio se rompe con la voz de King que reproducen los parlantes. A pocas horas del banderazo y un día antes de que la Selección vuelva a jugar por el Mundial, varios hinchas se detienen en uno de los sitios más emblemáticos de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos.
El Martin Luther King Jr. Center for Nonviolent Social Change, ubicado en Atlanta, aparece como una pausa cultural dentro de la gira futbolera. Para muchos argentinos, la mañana previa al partido transcurre entre monumentos y frases históricas. Claro, esta ciudad también se explica por su vínculo con la resistencia contra la segregación racial. Según la Oficina del Censo de Estados Unidos, la población negra representa el 46% de los habitantes de Atlanta y constituye el grupo racial más numeroso.
A metros de la tumba camina Javier, vecino de La Matanza, acompañado por su hijo y su ahijado. Los tres vieron en Miami el sufrido triunfo de Argentina contra Cabo Verde y viajaron por tierra hasta Atlanta, donde ya tenían reservado el alojamiento y compradas las entradas para el partido.
El fútbol es el motivo principal del viaje, sí, pero no el único. Aprovechan su estadía para conocer algunos lugares que permitan acercarse a la historia y a la vida cotidiana de Estados Unidos, ante la posibilidad de que no vuelva a recorrer el país.
“No sabemos si va a ser la única vez que vengamos, entonces dijimos: ‘Estamos en Atlanta, ¿qué podemos ver que realmente valga la pena conocer?’”, explica Javier en diálogo con LA GACETA. La búsqueda los lleva hasta el lugar donde descansan los restos de King, una figura que este visitante argentino asocia con la paz, la igualdad y la resistencia no violenta.
Javier admite que no conoce en profundidad su historia, pero valora la decisión que tuvo de enfrentar la discriminación racial sin perderse en el camino. “Se ve que es un tipo que la peleó mucho. En una sociedad que a veces la vemos por televisión o en los medios quizás sin reparar demasiado en estas historias, está bueno que conmemoren a una persona que apuntaba a la paz y a la igualdad”, dice, antes de seguir el recorrido con su familia.
La lucha contra la segregación racial
El silencio manda en el complejo de 14 hectáreas. La entrada es gratuita y el recorrido acerca a la vida de Martin Luther King Jr., al movimiento por los derechos civiles y a la lucha contra un sistema de segregación racial que durante décadas estuvo respaldado por leyes y prácticas discriminatorias en Estados Unidos.
Especialmente en los estados del sur, blancos y negros iban a escuelas diferentes, debían ocupar espacios separados en el transporte público y podían llegar a tener restringido el acceso a espacios como restaurantes y hoteles. La discriminación también condicionaba el derecho al voto de la población negra y estaba incorporada al funcionamiento de las instituciones.
Nacido en Atlanta en 1929, King creció bajo ese sistema. Pastor bautista y defensor de la resistencia no violenta, se convirtió en una de las figuras centrales del movimiento por los derechos civiles y encabezó protestas contra la segregación para reclamar la igualdad ante la ley.
En 1963, ante cientos de miles de personas, dio en Washington el discurso “I Have a Dream”, el más recordado de su trayectoria. Ahí proyectó un país donde sus hijos no fueran juzgados por el color de su piel sino por su carácter. Un año después recibió el Premio Nobel de la Paz.
King fue asesinado el 4 de abril de 1968 en Memphis, Tennessee, cuando tenía 39 años. En el centro del complejo de Atlanta descansan sus restos y los de su esposa, Coretta Scott King, que siguió trabajando por los derechos civiles, la paz y la preservación de su legado hasta su muerte, en 2006.
Alrededor de las tumbas, el agua recorre una gran pileta donde se lee una de las frases más recordadas de King: “No estaremos satisfechos hasta que la justicia corra como el agua y la rectitud como una poderosa corriente”. Sobre la tumba aparece otra inscripción tomada de su discurso más famoso: “Libre al fin, libre al fin, gracias a Dios todopoderoso, soy libre al fin”. En distintos sectores del predio también aparecen fotografías, documentos, monumentos y los seis principios de la no violencia que guiaron su acción política y social. Una de las zonas más visitadas es la llama que permanece encendida como símbolo de la continuidad de su legado.
Cruzar por la mitad de la calle
Leonardo Pablo Santos y Salvador Claudio Cocciolo llegan al lugar en un Uber. Es la primera vez que utilizan el servicio y, apenas se bajan del auto, cruzan por la mitad de la calle para llegar al parque, una conducta poco habitual entre quienes circulan por las ciudades estadounidenses.
El gesto permite reconocerlos como argentinos antes de escucharlos hablar. Los dos son de Monte Grande, Buenos Aires, y llegaron a Atlanta después de presenciar en Miami el ajustado triunfo contra Cabo Verde, un partido que modifica el estado de ánimo con el que habían comenzado el viaje.
“Fue un parto”, resume Leonardo. La preocupación de estos hinchas, como la de muchos argentinos que por estas horas recorren Atlanta, no estaba solo relacionada con la posibilidad de quedar eliminados: ya tenían compradas las entradas para el partido de mañana y, durante los minutos finales, llegaron a discutir si seguirían viaje en caso de una derrota.
“En 2022 era un equipo que resaltaba y Messi se apoyaba en el equipo. Hoy el equipo depende de Messi porque el equipo no apareció”, analiza Claudio, todavía con la preocupación en el cuerpo. Leonardo coincide, y señala la exigencia que sigue recayendo sobre el capitán argentino: “Con 40 grados de calor y casi 40 años de Messi, ¿qué más le podés pedir?”.
Los dos viajaron a Estados Unidos exclusivamente para vivir de cerca los partidos de dieciseisavos y octavos de final. Seguir a la Selección durante todo el Mundial resultaba demasiado para sus bolsillos y, aun reduciendo la cantidad de partidos, aseguran que los precios condicionan permanentemente el viaje.
El costo de seguir a la Selección
Leonardo y Claudio dicen que intentaron conseguir las entradas a través de los canales oficiales, pero no pudieron comprarlas. Recurrieron al mercado de reventa con cuatro meses de anticipación y pagaron valores por debajo de los que se ofrecen ahora durante el Mundial, aunque superiores al precio oficial.
Para reducir gastos alquilaron en Miami un departamento donde podían cocinar. La estrategia no evitó otros costos que los sorprendieron: 270 dólares que, según relatan, pagaron para estacionar el auto.
La situación de otros hinchas que conocieron durante el viaje terminó de darles la dimensión del precio de seguir presencialmente a la Selección. En el banderazo en Miami, Leonardo conversó con argentinos que todavía buscan una entrada y estaban dispuestos a pagar miles de dólares. “Dos lucas, dos lucas y media. Es mucha plata. Nos están cobrando las entradas como si fuéramos jeques de Arabia Saudita”, cuestiona. Es el ánimo extendido entre muchos argentinos que llegan a Estados Unidos: el Mundial se vive con pasión, pero también con gastos difíciles de sostener.
A pesar del costo y de la preocupación por el rendimiento del equipo, los dos están en Atlanta y volverán a la cancha. Leonardo tiene 61 años, es hincha de Temperley y se define como un loco por el fútbol; Claudio, hincha de Boca, nunca había estado en un Mundial y decidió darse el gusto porque no sabe si tendrá otra oportunidad.
“Si Argentina no sale campeón del mundo, los argentinos tienen que levantarse todos en el estadio, aplaudir a Messi y darle las gracias por cómo nos representó”, afirma Claudio. Para él, el fenómeno también se observa lejos de Argentina, donde encuentra salvadoreños, hondureños, venezolanos y personas de otras nacionalidades alentando al equipo por la identificación que genera Messi.
Una ciudad con poco clima mundialista
Entre los argentinos que recorren el complejo hay cuatro correntinos: tres hinchas de Boca y uno de River. La principal sorpresa que encuentran desde su llegada a Atlanta es la escasa presencia del Mundial en la vida cotidiana de la ciudad.
“Estamos a metros del Martin Luther King Park y no pasa nada. Es un día habitual en Atlanta”, dice uno de ellos a este diario. Según cuentan, el clima mundialista aparece principalmente alrededor de los argentinos y de los hinchas latinoamericanos que llegan para acompañar a sus selecciones.
Durante unas horas, y con una temperatura superior a los 30 grados, las camisetas argentinas circulan entre las tumbas, los monumentos y las frases que recuerdan la lucha contra la segregación racial. Después llegará el banderazo, volverán las canciones y, un día más tarde, otra vez los nervios futboleros. Antes, los hinchas se detuvieron ante una historia que excede al fútbol. Llegaron siguiendo a la Selección, pero aprovecharon una mañana en Atlanta para acercarse al lugar donde descansa uno de los hombres que transformó la historia de Estados Unidos.