Estados Unidos disfruta de un Mundial incluso mejor del que había imaginado. Los resultados acompañan, el equipo juega bien y la energía que transmite Mauricio Pochettino contagia tanto dentro como fuera del vestuario.

Sin embargo, ese entusiasmo tendrá una prueba de máxima exigencia este lunes desde las 21, cuando enfrente a Bélgica por los octavos de final. Para ese encuentro, el entrenador argentino recibió una noticia inesperada: finalmente podrá contar con su goleador, Folarin Balogun, gracias a una resolución de la FIFA.

Todo indicaba que el delantero del Mónaco se perdería el partido tras la tarjeta roja que recibió en el triunfo 2-0 sobre Bosnia y Herzegovina, por los 16avos de final.

Pochettino sostuvo desde un primer momento que la sanción había sido excesiva y defendió a su delantero al considerar que la acción fue involuntaria.

Cuando todo hacía pensar que Estados Unidos afrontaría los octavos sin su principal referencia ofensiva, la FIFA dejó sin efecto la suspensión. El Comité Disciplinario resolvió que la sanción “quede en suspenso durante un período de prueba de un año”, en aplicación del artículo 27 del Código Disciplinario.

La decisión generó repercusiones incluso fuera del ámbito deportivo. El presidente Donald Trump agradeció públicamente a la FIFA a través de Truth Social. “¡Gracias a la FIFA por hacer lo correcto y revertir una gran injusticia!”, escribió.

Romper el techo

El duelo del lunes puede marcar la diferencia entre un Mundial exitoso y otro simplemente correcto para Estados Unidos, cuyo mejor resultado en la era moderna siguen siendo los cuartos de final alcanzados en Corea-Japón 2002.

En esta edición avanzó como líder de su grupo. Además de los resultados, mostró una identidad definida: intensidad, presión alta, velocidad y vocación ofensiva, características que lo convirtieron en una de las revelaciones del torneo.

Los “Diablos Rojos” siguen apoyándose en la jerarquía de Thibaut Courtois, la experiencia de Kevin De Bruyne y Youri Tielemans y el desequilibrio de Jeremy Doku.

“Es un desafío enorme”, reconoció Tyler Adams. “Ellos tienen muchísima calidad, pero nosotros también creemos en nuestras capacidades. Esperamos un gran partido”.

Antecedente

El único recuerdo que invita a la cautela en Estados Unidos es el amistoso disputado en marzo en Atlanta, cuando Bélgica se impuso por 5-2.

“Fue un amistoso, no tiene nada que ver. Ese tipo de partidos sirven para probar cosas”, relativizó Sergiño Dest.

Más allá de ese antecedente, Estados Unidos no quiere frenar la ilusión que despertó el equipo de Pochettino. Los estadios llenos y el clima festivo reflejan el entusiasmo que generó el seleccionado, una conexión que quedó simbolizada en la adopción de “Take Me Home, Country Roads”, de John Denver, como himno del equipo, una canción que el propio entrenador argentino canta junto a sus jugadores e hinchas después de cada partido.