Enorme publicidad sobre la Selección nacional. Gran mercancía. Fuera del fútbol, la selección nacional llega al evento absolutamente mercantilizada. Su técnico, ayudantes de campo y varios jugadores, además de Messi, han proliferado sus apariciones en millonarias propagandas comerciales de todo tipo de productos. Algunas de estas publicidades son francamente discutibles. El arquero desde hace tres años viene promocionando las apuestas en el fútbol. Cínicamente se señala que está prohibido para los menores, cuando la ludopatía alcanza ya elevados niveles entre los escolares. Las apuestas son uno de los aspectos más graves en la destrucción del fútbol como deporte. Argentina encabeza la lista de jugadores mundialistas que publicitan productos. Esto es notorio en las obligatorias pausas de hidratación; de 3 minutos, instauradas por la FIFA que han servido para ampliar la recaudación con más tandas publicitarias. Hoy Messi concentra dos atractivos fuertes en el plano mundial - el económico y el deportivo. La enorme demanda que genera la Selección, sumada a la expectativa de presenciar el último Mundial de Messi, dispara la reventa hasta cifras de miles de dólares para un solo partido: 8.100 dólares es el precio inicial de la reventa oficial de la FIFA para el partido contra Cabo Verde por los 16avos de final. En lo económico aún no ha llegado a su techo en la utilización de su imagen, creando negocios y sociedades en todo el mundo. El techo, en lo deportivo, lo tocó en Qatar al salir campeón del mundo. Pero su calidad sigue intacta. Es un Mundial más largo que los demás y la propia competición cada día se torna más fuerte en la capacidad física que en la habilidad deportiva. La calidad de los jugadores de Argentina puede compensar en parte este desequilibrio entre rendimiento y calidad, con cuatro días promedio apenas de descanso entre partido, que aparecerán con mucha fuerza en los tramos finales de la competencia. Los pobres del mundo aman el fútbol, pero no asisten físicamente al mundial. “Incluidos” los que viajaron a Estados Unidos y no pueden ver los partidos. El cruel capitalismo (reventa) los condena, como a cualquiera de nosotros, con un poder adquisitivo muy distinto de otras nacionalidades, al ostracismo de un bar. La suerte, para entrar, es depender que Messi arranque desde el banco. Simplemente la cruda realidad, para los que nos quedamos, pues la televisación por cable limita incluso la felicidad de ver el fútbol en la pantalla chica porque no disponen del dinero para pagar el abono instaurado para partidos que no sean de su selección nacional. Algunos dirán “es fútbol, viejo, y está por encima de todo”. Pero para muchos no es así, y eso importa. (Sobre la base de escritos de Matías Auad y de Juan Ferro).
Pedro Pablo Verasaluse
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