Por unos minutos, nadie supo bien qué estaba pasando. Ya casi al final de la inauguración de ArTuc, en la noche del jueves, después de la formalidad del corte de cintas y cuando la prensa se acercaba a hablar con los organizadores, una mujer cruzó parte del salón con un velo negro de tul sobre la cabeza, totalmente desnuda y una frase escrita en la espalda: “En Afganistán están cazando niñas”.
No gritó, no interrumpió, no pidió atención: simplemente caminó entre la gente que la miraba como una expresión más de lo contemporáneo, en el campo de la performance. Algunos asistentes abrieron los ojos con sorpresa. Otros se quedaron quietos. Nadie sabía si mirar de frente o desviar la vista. En una feria de arte contemporáneo, incluso lo inesperado parecía entrar en el lenguaje de la velada.
Cuando personal de seguridad se le acercó, algunos entendieron que su presencia no formaba parte de la programación. Sin disturbios, la protagonista se retiró del lugar. Si no ocurría nada, la escena podría haber pasado como una intervención más.
ArTuc abrió ayer su primera edición en el salón Julio Argentino Roca de la Sociedad Rural. La feria, dirigida por Fredesvinda Denis y Juan Grande, llegó con una carga que excede la agenda cultural de un fin de semana.
Mirar más de una vez
La primera impresión al recorrer lo expuesto fue de abundancia. Había mucho para ver y no todo se revelaba en una primera pasada. En algunos stands, el color atrapaba desde lejos; en otros, el detalle obligaba a acercarse. Había pinturas, textiles, objetos, obras geométricas, piezas con luces, retratos intervenidos, cuerpos fragmentados, imágenes pop, materiales orgánicos y trabajos difíciles de encasillar.
Una pared reunía dibujos pequeños, enmarcados en madera clara, con cuerpos, gestos y escenas entre lo íntimo, lo humorístico y lo extraño, realizados por Fepi Farina.
Más adelante, una pieza textil de colores intensos cortaba el blanco del stand con relieves, lanas y formas orgánicas. Era una obra de Jéssica Morillo, parte de la serie “Yunga lesbiana”, donde la artista trabaja la yunga tucumana con una mirada política sobre el territorio, el cuerpo y la identidad.
Esa variedad fue parte del atractivo. La megaferia, con más de 500 obras y más de 200 artistas, funcionó también como plan: un lugar para pasarla bien, mirar sin miedo, hablar con artistas, descubrir materiales y dejarse sorprender por obras que pedían una segunda vuelta.
La propuesta reúne una treintena de galerías de Tucumán, Salta, Jujuy, Buenos Aires y Rosario; proyectos jóvenes tucumanos como Maskay Gallery y Divina Yunta; espacios vinculados con tecnología aplicada a galerías; homenajes a Sandro Pereira y Carlota Beltrame; charlas, visitas guiadas, debates e iniciativas para quienes quieren empezar a comprar.
Artistas, galerías y territorio
En ese recorrido, la presencia de galerías de otras provincias abrió una conversación sobre el lugar del arte del norte argentino. Franco Benacho, artista de La Arte Galería de Salta, llegó a Tucumán con dos piezas de su serie “Manifiesto”: un cartel de neón y libros intervenidos a partir del archivo del “Manifiesto Comunista”.
“Nos gusta bancar el arte del NOA, bancar el arte que sucede acá en el norte del país”, contó. Su obra imagina, según explicó, “una revolución afectiva y de fantasía”.
Fulana Galería, de Tafí Viejo, también tuvo una presencia fuerte con cinco artistas mujeres locales: Verónica Galván, Nadia Cohen Imach, Jéssica Morillo, Antonella Aparicio y Carla Juárez.
Las obras cruzan maternidad, yunga tucumana, paisajes periféricos, precarización de artistas y docentes, y resignificación de imágenes religiosas. “Qué difícil es sostenerse económicamente como artista donde no hay un mercado de arte establecido”, planteó Pamela González, directora del espacio.
Otra de las propuestas que pedía detenerse era la de Valeria Canata, artista tucumana oriunda de Aguilares, que participó a través de Cobalto Espacio de Arte, de Jujuy.
“Tráfico y Trofeo” aborda el tráfico de aves de las yungas tucumanas. En “¿A dónde van a morir los pájaros?”, parte de una pregunta simple y perturbadora: por qué casi nunca se ven pájaros muertos en la calle.
Desde Córdoba, Néstor Nis llegó con La Gioconda, una galería que comenzó como espacio para mostrar sus obras y dar clases, y que luego sumó a más de 70 artistas.
También impulsa “Arte en los barrios”, una iniciativa que lleva muestras a los Centros de Participación Comunal de Córdoba. “El objetivo era llevar el arte a los barrios y además visibilizar a los artistas”, contó.
Una escena en movimiento
En la preinauguración reservada a invitados se entregaron premios adquisición a Valentina Piñeiro, de Radar Galería; Soledad Sánchez y Karla Buzo, de La Arte Contemporánea de Salta; Gaspar Núñez, artista tucumano representado por Gabelich Contemporáneo; Sofía Casadey, de Consultorio; y Pablo Guiot, de Biomba. Además, Fulana Galería ganó un stand gratuito para la próxima edición de la Feria de Arte de Salta y Nymino Alba obtuvo una beca de formación de Crudo Arte Contemporáneo.
Los premios no fueron un detalle menor. En una provincia donde el coleccionismo todavía aparece como una práctica incipiente, la compra de obra, la validación de galerías y la presencia de jurados y coleccionistas ayudan a ordenar un circuito. ArTuc no sólo exhibe obras: también instala preguntas sobre precios, ventas, circulación, gestión cultural y sostenimiento económico.
La noche se vivió como un festejo anhelado en tiempos difíciles para la cultura. Había artistas que se saludaban de un espacio al otro, galeristas que explicaban obras con entusiasmo, visitantes que preguntaban cuánto valía una obra y otros que sólo caminaban con curiosidad. En un mismo salón convivían proyectos jóvenes, galerías con trayectoria, obras de artistas consagrados y piezas que recién empiezan a circular.
Ese cruce quizás sea el mayor valor de esta iniciativa. También acerca al público una idea que muchas veces parece lejana: el arte contemporáneo no es sólo para entendidos. Puede incomodar, divertir, emocionar, exigir paciencia o provocar preguntas. Y sobre todo sorprender, como pasó con aquella mujer desnuda, hasta que se entendió lo que pasaba.