El grave conflicto institucional planteado en la reciente elección de autoridades de la Universidad Nacional de Tucumán me hizo reflexionar sobre la idoneidad y el cinismo. He quedado perplejo ante los argumentos expuestos sobre la reelección de decanos, rector y vice. En mis tiempos de docencia se exigía como requisito imprescindible para iniciar estudios universitarios demostrar capacidad para interpretar textos. Esta habilidad es absolutamente necesaria para que un alumno pueda comprender un problema, participar en el proceso de enseñanza-aprendizaje y elaborar soluciones inteligibles. Lamentablemente pareciera que esta capacidad no es exigible para funcionarios, al menos para algunos que participaron activamente en el proceso electoral. Cuando los abogados de la UNT declaran públicamente que las leyes no se aplican retroactivamente tienen razón, pero ocultan que la modificación del Estatuto de 2024 no ha cambiado la cláusula que limita a una sola vez la reelección y sucesión recíproca del rector, decanos y sus vice. Omiten que el antiguo estatuto también limitaba la reelección igual que el nuevo; ergo no existen argumentos para un pretendido reinicio de conteo. No es necesario “interpretar el Estatuto”, es suficiente analizar el texto con rigurosidad y coherencia.
Ricardo Díaz
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