Cuando asumió Javier Milei en diciembre de 2023 lanzó un disparate de alto impacto. Dijo que en el país fallecían cada año 15.000 personas en accidentes de tránsito. Hubo desmentidas inmediatas por todas partes. En el sitio Chequeado se dijo que los datos oficiales señalaban que en 2022 habían sido 3.828 las víctimas fatales por siniestros viales en la Argentina. y que según la organización civil Luchemos por la Vida -que contabiliza las víctimas en el lugar del hecho y los fallecidos dentro de los 30 días del siniestro- en 2022 habían muerto 6.184 personas en accidentes. En la actualidad, tres años después, las cifras son similares: 3.255 víctimas en 2025 contabilizó la Agencia Nacional de Seguridad Vial y 6.248 registró Luchemos Por la Vida. El Presidente, que se sepa, no volvió a tocar el tema.

Lo de Milei no pasó de un dato que sorprendió por inaugurar la presidencia con una barbaridad pero no hubo mayores aclaraciones porque hay una indiferencia pasmosa sobre el tema que, paradójicamente, está en la punta de la lengua de los dirigentes cuando tienen la oportunidad. Mauricio Macri dijo en su momento que los accidentes eran una epidemia. Milei exageró la cantidad, acaso para impresionar. Ni uno ni otro los mencionaron para cambiar las cosas.

Conmoción y olvido

La verdad es que los accidentes entre nosotros son noticia cuando tienen características de fuerte impacto y que duran lo que la emergencia. Después quedan olvidadas en las urgencias cotidianas, sin que se haga alguna relación entre la tragedia y la falta de prevención o entre el siniestro y el fracaso de las políticas de prevención.

Si de infraestructura vial se trata, la desaprensión nacional es espantosa. Basta atravesar los 30 km de la destruida ruta nacional 9 entre Rosario de la Frontera y Metán para darse cuenta de que al Gobierno federal no le interesa si hay accidentes o roturas de vehículos en las zonas que no son atractivas para concesionar. Vialidad nacional (que debería mantener esa carretera) está desfinanciada, al menos en esta parte del país. Y en el caso de Tucumán, la emergencia que hay en el acceso este y la obra congelada de la autopista Tucumán.-Termas de Río Hondo tiene que ver con que la Nación se desentendió de la ruta 9.

Precisamente en esa vía ocurrió la tragedia de Leales este sábado, con cuatro personas muertas.

Los accidentes no son sólo asunto que se pueda achacar a los funcionarios nacionales. También los tucumanos tienen responsabilidad. Una tragedia similar ocurrió el domingo 31 de mayo en la vieja ruta 38 en La Invernada (jurisdicción de La Cocha) al chocar una camioneta con un camión que transportaba azúcar. Tres personas fallecieron, entre ellas un niño de 9 años, y una criatura de 2 quedó herida. En esa misma zona murió en 2024, en un choque similar, el intendente de La Cocha, Leopoldo “Puma” Rodríguez, tras chocar su camioneta contra el acoplado de una rastra cañera.

Se trata, pues, de emergencias que ocurren sin que haya reacción. Por eso no parece tener importancia si se habla de 15.000 o de 3.000 víctimas. Y tampoco parece llamar la atención que desde hace muchos años haya esas diferencias de datos entre los registros oficiales y los de Luchemos por la Vida. ¿Cuáles se acercan más a la realidad? ¿Y hasta qué punto los datos oficiales reflejan la realidad? La importante Agencia Nacional de Seguridad Vial ni siquiera se acerca a Tucumán y solamente cuenta con los informes policiales para la publicación anual de accidentes. 

En los hospitales tucumanos no parece haber -que se sepa- un trabajo pormenorizado de registro de los accidentes, si bien de allí se pueden extraer conclusiones valederas, aunque no haya precisiones para saber, por ejemplo, cuáles son los sitios de mayor peligro. De hecho, en La Cocha, escenario de dos tragedias que causaron gran conmoción, siempre es posible ver que circulan motos sin luces de madrugada y en el crepúsculo, lo cual se repite, con probabilidad, en todos los pueblos del interior. Los motociclistas están tan acostumbrados al uso del celular cuando circulan que hasta suelen emplearlo para iluminarse en la ruta.

La agencia de Seguridad Vial tiene algunos datos básicos: más de la mitad de los accidentes ocurre en las rutas (52%); los horarios son entre 6 y 7 de la mañana o entre las 21 y las 7; la mayoría de las víctimas son hombres de entre 15 y 35 años y casi todos son motociclistas.

Hace pocos días, el director del Hospital Padilla, Mario Sardón, dijo a LG Play que se nota que se incrementan los accidentes en el interior de la provincia. Rodrigo de la Rosa, de la organización Meta Tucumán, fue más enfático. Dijo que unas 50 personas son hospitalizadas por día a causa de accidentes, lo que equivale a 1.500 personas por mes. Dijo que la mayoría son motociclistas, que más del 80% no usa casco, que mucha gente no usa el cinturón de seguridad y que el semáforo en rojo no parece tener significado para motociclistas y ciclistas.

La peor de todas

De la Rosa recordó que en 2024 y en 2025 se hizo un interesante foro de seguridad vial en el que se analizó a fondo el problema de la seguridad en Tucumán. Foro en el que hasta los responsables de seguros dijeron que nuestra provincia, aunque el porcentaje de víctimas fatales, de 13,5% cada 100.000 habitantes, es parecido en todo el NOA, es la peor de todas en cuanto a contratación de seguros. Es tan caótico el tránsito tucumano que los seguros se encarecen acá.

De ese foro quedó la buena impresión de que se intentaba lograr cambios y hubo responsables de provincia y municipios que dijeron que se afrontaría el compromiso. Pero eso no se ve. No hay impresión de que todas las oficinas respectivas de la provincia, las municipalidades y las comunas trabajen coordinadas. En Tucumán no existe el sistema de scoring que se aplica en la zona central del país. “Hay compartimientos estancos. Hay mucha gente interviniendo en el tema de tránsito sin coordinación y sin un plan claro a nivel provincial”, dijo De la Rosa.

Prácticas recaudatorias

Eso sí, en todas partes se van perfeccionando, gracias a la tecnología, las prácticas recaudatorias y la identificación de los infractores. Es muy probable que si uno circula a 63 km/h por una calle porteña reciba tres meses después una multa. Lo mismo pasa en Córdoba o en la cercana Recreo (Catamarca). No se sabe si en el cruce de las rutas 9 (nacional) y 306 (provincial) la cámara filmadora que registra infracciones ha hecho bajar el índice de siniestros. Las autoridades de Banda del Río Salí, que recaudan con ese sistema, dicen que sí. Pero la circulación sigue siendo desastrosa porque las rutas están destruidas. En realidad parece que se mantiene ese desastre como una forma de recaudación.

Pronto se podrá, gracias a la tecnología, monitorear la velocidad crucero de quienes circulan por las rutas nacionales y ha de llegar multa a quienes se atrevan a pisar el acelerador a más de 110 km/h entre Quilino (Córdoba) y Recreo, por ejemplo. ¿Pero esto generará cambio de conducta? ¿Evitará los accidentes de moto en La Cocha o los choques contra camiones en la oscuridad?

“Dependemos mucho de la sociedad. Que nos ayuden a que los ayudemos; que tengan conciencia sobre esta situación que puede ser evitable”, dijo hace un año en “Panorama Tucumano” Marcela Dive Mohamed, Directora de Gestión Sanitaria. Conctó que se recibía por fin de semana entre 45 y 47 siniestrados. ¿Menos que ahora, según los datos revelados por De la Rosa? “Es algo cultural”, dijo ella. La cuestión es saber si quien debe reaccionar ante esto es la misma sociedad o son las autoridades. ¿La indiferencia oficial es también algo cultural?