Se ha generado una desconfianza generalizada de la opinión pública  que castiga ahora de manera indiscriminada a la casi totalidad de la clase política y del Poder Judicial. Los hechos de corrupción escandalosos que sacuden al país molestan e irritan cada vez más a la ciudadanía. La inestabilidad política a partir de la segunda mitad del siglo XX acentuó la corrupción  y multiplicó los negociados: jubilaciones de privilegio, abusos de la patria sindical, la patria financiera enmarcada en devaluaciones e inflaciones. Las privatizaciones de empresas públicas, el lavado de dinero y el narcotrafico. Hoy son tan escandalosas las noticias que recibimos diariamente por los medios, que es imprescindible empezar a adoptar medidas por parte del gobierno y la sociedad, para ser verdaderamente serios y confiables. La Justicia juega un rol fundamental y debe cambiar en su accionar en general, y la sociedad como en las grandes revoluciones silenciosas, debe dar con el ejemplo lo que tiene que ver con valores éticos y compromisos de vida que integren una cadena solidaria para romper con la corrupción. El proceso de consolidación de la Argentina, con equilibrio macroeconomico y apertura al mundo, conducirá a una aceleración de la inversión y del empleo, pero para lograrlo es imprescindible atacar la corrupción y tener una Justicia rápida y eficiente. El caso Adorni es inaceptable, sus contradicciones y falta de ética en todo este proceso lastimoso, está generando deterioro al gobierno, y nos pone ante el peligro de que gente que saqueó el Estado en beneficio propio vuelva a tener vigencia en el país. La sociedad civil debe comprometerse en éste y otros temas pendientes, que por su complejidad tanto institucional como política deben ser elaborados y debatidos en profundidad.

José Manuel García González  

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