Las profesiones cambian, aparecen nuevas tecnologías, desaparecen tareas y surgen otras que hace apenas unos años eran impensadas. En ese escenario, las universidades enfrentan un desafío que va mucho más allá de incorporar inteligencia artificial o abrir nuevas carreras: repensarse a sí mismas.

Ese fue uno de los debates que atravesó el panel sobre educación superior de “Encuentros La Gaceta Educación 2026”, donde referentes universitarios reflexionaron sobre el futuro de las instituciones y las transformaciones que exige una sociedad cada vez más dinámica.

"Las universidades siguen gozando de un alto prestigio en la sociedad, pero también tenemos que hacer una autocrítica", planteó Rubén Egea, decano de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) Regional Tucumán.

La afirmación resumió una preocupación compartida por buena parte del sistema universitario. En ese ámbito se plantean cómo mantener el valor histórico de la formación superior sin quedar atrapados en estructuras diseñadas para un mundo que ya cambió.

Necesidad de transformación

En opinión del decano de la UTN, el reconocimiento social hacia la universidad sigue vigente. Sin embargo, considera que las instituciones deben revisar sus propios modelos para responder a nuevas demandas.

Los cambios tecnológicos aceleraron procesos que antes demoraban décadas. La información circula de manera instantánea, los mercados laborales se transforman constantemente y los estudiantes llegan a las aulas con expectativas diferentes a las de generaciones anteriores.

Esa adaptación no implica solamente incorporar tecnología. También obliga a revisar la forma en que se enseña, los trayectos formativos y las habilidades que se consideran esenciales para el ejercicio profesional.

Aprendizaje permanente

Quizás la frase que mejor sintetizó el debate fue pronunciada por Nadia González, directora de Comunicación de la Universidad San Pablo-T. "Antes uno estudiaba una carrera para toda la vida y ahora es toda una vida para una carrera", dijo.

La idea refleja un fenómeno que atraviesa prácticamente todas las profesiones. Los conocimientos técnicos poseen ciclos de actualización cada vez más cortos y la formación ya no termina con la obtención de un diploma.

La capacitación continua, las especializaciones, los cursos cortos y las certificaciones específicas ganan terreno frente a modelos más rígidos de formación.

Según González, los propios estudiantes están impulsando este cambio. “Buscan trayectos más flexibles, herramientas concretas y propuestas que les permitan actualizarse de manera permanente”, sostuvo.

MIRADA. Nadia González, directora de Comunicación de la Universidad San Pablo-T. LA GACETA/ Foto de Osvaldo Ripoll

Y advirtió: "Todas las carreras están quedando un poco obsoletas si no se acompañan con actualización continua". Además, la irrupción de la inteligencia artificial obliga a replantear una pregunta fundamental: ¿qué sentido tiene seguir enseñando únicamente contenidos cuando muchas respuestas pueden obtenerse en segundos?

La respuesta, manifestó González, está en fortalecer capacidades que ninguna herramienta tecnológica puede reemplazar completamente: el pensamiento crítico, la reflexión y la capacidad de analizar problemas complejos.

Las universidades ya comenzaron a moverse. Carreras cortas, diplomaturas, formación continua, educación a distancia, certificaciones específicas, ciencia de datos, inteligencia artificial y ciberseguridad forman parte de una oferta que crece año tras año.