"Lo que necesitamos es tensión, no presión". La frase salió casi en el medio de la conferencia, pero sirvió para resumir en pocas palabras gran parte del recorrido de Lionel Scaloni al frente de la selección argentina. El entrenador, además, explicó cómo afronta el campeón del mundo el inicio de una nueva Copa del Mundo.

Scaloni siempre transmite tranquilidad. En sus conferencias prácticamente no hay roces con los periodistas. Baja conceptos, explica, habla, se emociona y muestra su lado humano. Deja de lado ese caparazón que muchos entrenadores utilizan para protegerse.

Tras la salida de Nicolás Otamendi de la sala de prensa, ingresó sonriente. Se sentó en la silla, saludó, se quejó del calor (a esa altura habían apagado el aire acondicionado para que no interfiriera en el trabajo de los equipos de televisión) y comenzó a responder una a una las preguntas.

La primera definición fuerte llegó cuando le consultaron cómo transitaba este nuevo Mundial después de haber pasado de ser un entrenador cuestionado a convertirse en campeón del mundo y campeón de América. La respuesta sorprendió por su simpleza. "Estoy igual que el primer día. No cambió absolutamente nada", aseguró.

Lejos de detenerse en los títulos obtenidos o en el reconocimiento que ganó durante estos años, insistió en una idea que repite desde el inicio de su ciclo: el equilibrio. "No somos más que nadie ni menos que nadie", remarcó.

Esa misma línea conceptual apareció cuando le preguntaron sobre la presión que supone defender el título conseguido en Qatar. Scaloni volvió a rechazar una palabra que durante años acompañó a la Selección Argentina. "Lo que necesitamos es tensión, no presión", remarcó; y desarrolló una teoría que parece haberse transformado en una de las bases de este proceso. "Descomprimimos mucho la famosa mochila. La presión sólo sirve para que los jugadores entren más condicionados a la cancha", argumentó.

Sus palabras no fueron una reflexión aislada. De hecho, gran parte de la identidad del ciclo Scaloni parece haberse construido alrededor de esa idea: quitar peso, naturalizar el contexto y permitir que los futbolistas compitan sin cargar con obligaciones históricas.

Quizás por eso, cuando le preguntaron por las emociones que genera disputar otro Mundial, el entrenador dejó ver una faceta más íntima. "Estoy igual que la primera vez. Incluso más emocionado", lanzó. "El entrenador de la Selección siempre va a sentir emoción", sostuvo.

En materia futbolística, evitó confirmar el equipo, aunque sí llevó tranquilidad respecto a dos nombres importantes. Confirmó que Emiliano Martínez está en condiciones de jugar y aseguró que Julián Álvarez dejó atrás los problemas físicos que lo habían obligado a realizar trabajos diferenciados durante parte de la preparación. También lanzó una advertencia que atravesó toda la conferencia: No hay lugar para la confianza.

Al analizar a Argelia, el DT repitió varias veces el mismo concepto. "No existen rivales fáciles", dijo, intentando recordar lo que sucedió en el inicio del Mundial 2022.

Comparó al seleccionado africano con Marruecos, destacó la calidad de sus futbolistas y recordó que las diferencias entre las selecciones son cada vez menores. "Argelia es un equipo que nos preocupa", reconoció.

No fue una frase de compromiso. La referencia remitió inevitablemente a la experiencia de Qatar 2022, cuando Argentina tropezó frente a Arabia Saudita en el debut y quedó al borde de una crisis que terminó transformándose en el punto de partida hacia el título.