La Selección Argentina iniciará su camino en el Mundial 2026 este martes desde las 22 frente a Argelia, por la primera fecha del Grupo J. Pero más allá del rival, habrá un protagonista que inevitablemente captará la atención: el árbitro será el polaco Szymon Marciniak, un nombre que remite de inmediato a uno de los capítulos más gloriosos del fútbol argentino.
A sus 45 años, Marciniak volverá a impartir justicia en un partido de la Albiceleste tras haber dirigido la inolvidable final del Mundial de Qatar 2022 ante Francia, aquella definición épica que terminó 3-3 y consagró al equipo de Lionel Scaloni en los penales. También había estado presente en los cuartos de final de ese torneo, cuando Argentina venció 2-1 a Australia, y en el debut de Rusia 2018 frente a Islandia, partido en el que sancionó un penal que luego desperdició Lionel Messi.
Nacido en Plock, Polonia, su vínculo con el deporte comenzó lejos del arbitraje. Durante su infancia se destacó en el ciclismo, llegando a competir en exigentes circuitos de más de 100 kilómetros con apenas 12 años. Sin embargo, a los 15 decidió abandonar esa disciplina y apostar por el fútbol. Probó suerte como jugador en el Wisla Plock, aunque sin demasiado éxito, lo que lo llevó a tomar una decisión que cambiaría su vida: convertirse en árbitro.
Su carrera tuvo un crecimiento sostenido. En 2002 comenzó a dirigir de manera profesional y en 2011 fue incorporado a la FIFA, un paso clave que lo proyectó a la élite. Tres años después debutó en la Champions League y rápidamente se consolidó como uno de los jueces más confiables del continente. Dirigió finales importantes, como la de la Champions 2022/23, y participó en dos Copas del Mundo: Rusia 2018 y Qatar 2022.
Sin embargo, su trayectoria no estuvo exenta de controversias. Uno de los episodios más delicados ocurrió cuando fue vinculado a un acto político en Katowice, organizado por Slawomir Mentzen, líder del partido de extrema derecha Konfederacia, conocido por sus posturas xenófobas, racistas y homofóbicas. La situación generó un fuerte revuelo y estuvo cerca de dejarlo fuera de la final de la Champions League de 2023.
Más recientemente, en 2025, volvió a estar en el centro de la escena tras dirigir la semifinal de la Champions entre Inter y Barcelona. El conjunto español cuestionó duramente su actuación, especialmente por un penal sancionado a favor del equipo italiano tras una infracción de Pau Cubarsí sobre Lautaro Martínez.