Se preveía que este podría ser el partido más desparejo del Mundial 2026. Y esta vez, las predicciones no fallaron. Fue 7 a 1, otra vez contra un equipo vestido de azul y amarillo (aunque en esta ocasión lo amarillo era el short y no la camiseta). Alemania pisó fuerte en el debut y espantó rápidamente los fantasmas de sus eliminaciones tempranas en 2018 y 2022.

Curazao intentó disimular la abismal distancia jerárquica que lo separa de los europeos, y lo logró durante un puñado de minutos. Eligió no refugiarse atrás y aunque recibió rápido el primer gol (Félix Nmecha), luego encontró algo de orden y hasta se animó a cruzar la mitad de la cancha cada vez que podía. En una de esas excursiones llegó lo impensado. Tras un rebote, Livano Comeniencia remató desde la puerta del área y, con ayuda de un leve desvío, venció al legendario Manuel Neuer. Festejo alocado, cervezas al aire en las tribunas, y sorpresa en todo el mundo.

El empate infló de confianza al conjunto caribeño, que no pasó demasiados sobresaltos hasta la jugada del 2-1, casi 20 minutos después. El cabezazo de Nico Schlotterbeck puso las cosas en orden y justo antes del entretiempo, Kai Havertz cambió penal por gol. Fue el principio del fin.

Un monólogo

Apenas comenzada la segunda mitad, apareció Jamal Musiala, para seguir aumentando, y lo que siguió fue casi un entrenamiento: Alemania jugando al trote, Curazao haciendo lo que podía, y los jugadores germanos esperando su turno para anotarse en el marcador.

Nathaniel Brown capturó un rebote en el área para marcar el quinto, el ingresado Deniz Undav aportó el suyo con una gran definición cruzada, y Havertz selló su doblete personal tras empujar otra ráfaga ofensiva que decoró el resultado.

Una señal de alerta

La primera prueba para los tetracampeones fue superada con éxito. Se sobrepusieron al pequeño susto del empate transitorio con solvencia, pero queda un pequeño signo de pregunta en la faceta defensiva. Recibir un gol de una de las “cenicientas” del torneo no estaba en los planes, y cuando se midan a selecciones más peligrosas (se les vienen Costa de Marfil y Ecuador), pueden pagarlo mucho más caro.

Por el lado de Curazao, la derrota era totalmente esperable; se llevan un histórico gol frente a un país que multiplica 450 veces su población, y la satisfacción de haber jugado sin temores: si se hubieran colgado del travesaño tal vez hubieran recibido un par de goles menos, pero eligieron jugar mirando el arco rival, honrando su forma de sentir el fútbol. Tendrán dos oportunidades más para disfrutar.