El golf tucumano volvió a brillar en lo más alto de la escena internacional, pero esta vez con una historia de superación que trasciende lo deportivo. Tomás Romero Monroy se consagró campeón de la segunda edición del Torneo Internacional de Menores, disputado en las instalaciones del Chaco Golf Club. Tras una actuación sobresaliente frente a destacados jugadores de Argentina y de países vecinos como Paraguay, el joven tucumano demostró que el talento y la perseverancia derriban cualquier barrera.
Representando al Jockey Club de Tucumán, Romero Monroy exhibió un juego sumamente sólido a lo largo de las tres jornadas de competencia. Cerró el certamen con un score total de 214 golpes (-2), pero el verdadero quiebre lo dio en la ronda final, donde firmó una destacada tarjeta de 68 golpes (-4). Este rendimiento superlativo le permitió asegurar el título y subirse al escalón más alto del podio, postergando a jugadores de gran proyección juvenil como Hermes Quintana y Rodrigo Arando, quienes completaron el tablero en posiciones de privilegio tras un campeonato altamente competitivo.
Una historia de esfuerzo
Más allá del resonante resultado en Chaco, la vida de Tomás está marcada por el esfuerzo cotidiano y un conmovedor acompañamiento puertas adentro. Los palos llegaron a sus manos gracias a su padre, José Marcial Romero, quien conocía el ambiente de los links y quiso transmitirle ese legado a su hijo mayor desde que era un niño.
Sin embargo, el camino no es sencillo en un deporte tradicionalmente costoso. José Marcial trabaja actualmente como ayudante de cocina, mientras que la madre del joven, Sarita Monroy, se desempeña como empleada doméstica. Para ellos, financiar el equipamiento, los traslados y los aranceles de un atleta de alto rendimiento implica un malabarismo económico diario.
“Mi papá me inculcó el golf desde chico y hoy es lo que amo hacer. Este torneo fue una experiencia muy linda para mí, sobre todo por todo el sacrificio que hacen en mi casa para que pueda competir”, confesó el flamante campeón.
En el hogar, la admiración por sus logros es absoluta. Su hermano menor, Matheo, de 7 años, sigue de cerca cada uno de sus pasos y colecciona los recortes y trofeos deportivos como si fueran las figuritas más valiosas de un álbum mundialista. Asimismo, Tomás reconoció el pilar institucional que complementa el esfuerzo de sus padres: el apoyo de la Federación Regional de Golf del Norte Argentino, clave para costear la logística de su inserción en los circuitos nacionales.
La rutina y los sueños
Para sostener este nivel, el tucumano de 18 años debe cumplir con una disciplina rigurosa que no deja margen al azar. Sus días se dividen entre los entrenamientos diarios y las aulas, bajo un sistema de escolaridad acelerada en Yerba Buena que le permite flexibilidad horaria para perfeccionar su swing. Además, sumó a sus obligaciones el estudio del inglés, entendiendo que el circuito profesional exige dominar el idioma global.
Con la experiencia de haber pisado fuerte en citas de fuste como el Abierto del Norte y diversas competencias nacionales —atesora el recuerdo imborrable de un hoyo en uno logrado en Pinamar—, Romero Monroy dejó de ser una promesa de los rankings regionales para consolidarse en el plano nacional. Con los pies en la tierra, el juvenil ya mira al horizonte con la ambición clara de cruzar las fronteras:
“Estoy terminando el secundario y sigo con mi meta. Creo que con la ayuda de Dios algún día podré competir en otros países”.
Con talento, constancia y el respaldo de una familia que da todo por su futuro, Tomás Romero Monroy continúa construyendo un camino dorado que ya lo ubica como un nombre a seguir dentro del golf argentino. (Producción periodística: Carlos Oardi).