“FAI es mi casa. Ahí aprendí muchas cosas y encontré una familia”, dijo Daniel, al que todos llaman “Danielito”. Tiene 41 años, llegó a la Fundación para Albergues Infantiles (FAI) cuando tenía seis y todavía hoy forma parte de la vida cotidiana del hogar porque ayuda con los niños. Su historia resume una parte del espíritu de Casa FAI: un espacio que nació para dar techo, cuidado y oportunidades a chicos que atravesaron contextos difíciles.

La institución, que funciona desde 1992, sostiene una casa hogar en Buenos Aires 855, en la Capital, y un centro comunitario en Lules. Allí se busca acompañar a niños y familias desde la educación, la contención y el afecto. En ese camino, la feria anual ocupa un lugar central: permite reunir fondos para cubrir gastos y sostener el trabajo diario.

Una venta con historia

La presidenta de FAI, Dolores Alfieri, explicó que este año se realiza la edición número 30 de la “Venta de Arte, Antigüedades y más”. La propuesta reúne objetos para la casa, piezas de decoración, artículos de bazar, cristalería, cubiertos, obras de arte, muebles y curiosidades.

La modalidad ya es conocida por muchas familias tucumanas. Cada objeto recibe un precio de venta. De ese monto, el 30% queda para la fundación y el 70% se reintegra al consignatario. Si una pieza no se vende, debe ser retirada al final de la feria.

OBJETOS CON HISTORIA. La feria reúne arte, vajilla, muebles y curiosidades.

Según Alfieri, los objetos llegan por distintos motivos. Algunas personas necesitan vender por razones económicas, otras ya no tienen espacio para conservar muebles antiguos o piezas heredadas. También hay quienes se acercan por el deseo de colaborar.

Alfieri remarcó que FAI no es sólo una institución de asistencia. “Como la palabra lo dice, es un hogar: los chicos viven, comen, duermen, van al colegio y reciben contención como en una familia. El objetivo es sembrar esperanza y mostrarles a los niños que tienen posibilidades. El hecho de haber nacido en un contexto difícil no les quita la posibilidad de lograr cosas”, afirmó.

También destacó el trabajo sobre la dignidad humana. “Queremos que sepan que son hijos de Dios, que son dignos y que tienen un montón de valores para sacar a la luz”, señaló.

La vida diaria

Marta Cruz Prats es directora de Casa FAI y los niños la llaman “mamá Marta”. Desde ese lugar, acompaña la rutina diaria, la formación y los vínculos que se construyen puertas adentro. “Soy la que los educa, los forma y la que está con ellos. Tratamos de devolverles la sonrisa, la esperanza y de enseñarles que son dignos, hijos de Dios”, dijo Cruz Prats.

FAI. La directora Marta Cruz Prats; Danielito y la presidenta Dolores Alfieri.

En el hogar hay camas para 22 chicos y un preceptor que cambia cada 24 horas. La jornada se parece a la de cualquier casa. Los niños se levantan, van a la escuela, almuerzan cerca de las 12.30 y luego continúan con actividades, apoyo, computación, catequesis, fútbol y talleres.

Cruz Prats sostuvo que el vínculo se construye con cariño, firmeza y reglas claras.

“Me cambió la vida”

La directora contó que muchos jóvenes que pasaron por FAI les presentan sus familias, sus hijos o sus nuevas historias de vida. Algunos trabajan en la Policía Federal, la Municipalidad, Tribunales o la Casa Histórica. Otros estudian en la universidad. “Esto es una obra de Dios”, dijo Cruz Prats.

Danielito volvió al hogar para colaborar. “Marta es como una madre para mí. Me enseñó mucho. Me cambió la vida”, expresó. Su testimonio, como el de otros chicos que crecieron en FAI, muestra que la feria no sólo permite comprar un objeto: ayuda a sostener una casa donde muchos encontraron cuidado, pertenencia y una oportunidad.