La noticia de la muerte del Indio Solari a los 77 años activó de inmediato la memoria de miles de fanáticos. Entre los recuerdos que volvieron a aparecer está el de aquellas dos noches inolvidables en el estadio Padre Ernesto Martearena, cuando el ex líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota convirtió a Salta en la capital del universo ricotero.
Porque los recitales del Indio nunca fueron simplemente recitales. Eran peregrinaciones. Ritos colectivos. Encuentros donde personas llegadas desde todos los rincones del país se reconocían entre banderas, canciones y códigos compartidos. Y en Salta, esa mística alcanzó una intensidad especial.
La primera vez ocurrió el 19 de septiembre de 2009. Habían pasado años desde la separación de Los Redondos, pero el fervor seguía (u sigue) intacto. Desde temprano, las inmediaciones del estadio se poblaron de grupos de amigos, familias enteras y viajeros que acumulaban kilómetros siguiendo cada presentación del cantante.
Muchos habían estado en Córdoba, Mendoza, Tandil o La Plata. Otros llegaban por primera vez a una misa ricotera. Todos compartían la misma ansiedad. Cuando sonaron los primeros acordes de "Fuegos de Octubre", el estadio explotó.
Para quienes habían acompañado al Indio durante toda su etapa solista, aquella noche quedó grabada como una de las mejores de su carrera post Redondos. El repertorio fue generoso con los clásicos y sorprendió con canciones poco habituales en sus presentaciones.
Sonaron verdaderas joyas para los fanáticos más fieles, como "El arte del buen comer", "Divina TV Führer" y "Ella debe estar tan linda". Cada una fue celebrada con la misma pasión que los grandes himnos de siempre.
El escenario, ubicado sobre la platea central del Martearena, quedó rodeado por una multitud cercana a las 40 mil personas. Desde cualquier sector se podía observar ese paisaje único que acompañaba cada show del Indio: banderas flameando, bombos, abrazos entre desconocidos y una energía colectiva difícil de explicar para quien nunca la vivió.
Y como toda misa ricotera que se respete, la ceremonia terminó con "Jijiji". Entonces llegó el momento más esperado. Miles de personas saltando al mismo tiempo bajo las luces del estadio, alimentando el mito del "pogo más grande del universo", una frase que el propio Solari repetía para arengar a su público.
El regreso que terminó siendo una despedida
Menos de dos años después, el 26 de marzo de 2011, el Indio regresó a Salta. La convocatoria fue tan grande que esta vez el escenario se montó sobre la tribuna norte para ampliar la capacidad del estadio. El motivo de la visita era presentar oficialmente El perfume de la tempestad, aunque los clásicos volvieron a tener un lugar central.
"Cruz diablo", "Vamos las bandas", "El lobo caído" y el inédito ricotero "El regreso de Mao" desataron la euforia de una multitud que sabía cada letra de memoria. Fueron 26 canciones en una noche que tuvo todos los ingredientes de una celebración popular. Nadie imaginaba entonces que sería la última vez que el Indio pisaría suelo salteño.
Como había ocurrido en 2009, el cierre volvió a estar reservado para "Jijiji". Otra vez el pogo, los abrazos, las bengalas de recuerdos y la sensación de estar participando de algo mucho más grande que un recital. No hubo promesas de regreso. Tampoco despedidas solemnes.
Años más tarde llegaría el diagnóstico de Parkinson, el progresivo alejamiento de los escenarios y, finalmente, aquel último recital en Olavarría en marzo de 2017.
Hoy, con la noticia de su muerte todavía fresca, aquellas noches en el Martearena adquieren otro significado. Quienes estuvieron allí recuerdan canciones, listas de temas o anécdotas. Pero sobre todo recuerdan el clima ricotero. Esa fraternidad extraña que se generaba entre miles de desconocidos. La sensación de pertenecer por unas horas a una misma tribu.
Tal vez por eso los recitales del Indio nunca fueron solamente música. Eran una celebración colectiva de identidad, libertad y resistencia cultural. Y en Salta, durante dos noches inolvidables, esa celebración encontró uno de sus escenarios más memorables.