La histórica fabricante de cosechadoras Vassalli atraviesa una de las etapas más delicadas de sus más de 75 años de historia. La compañía, con sede en la ciudad santafesina de Firmat, negocia su venta por apenas U$S 1 en una operación que busca evitar el cierre definitivo de la planta y preservar las fuentes de trabajo.
Según precisa Infobae.com, el valor simbólico de la transacción responde a una condición central: el nuevo grupo inversor deberá hacerse cargo de la totalidad de las deudas acumuladas por la empresa, consideradas por fuentes del sector como "altísimas". De concretarse el acuerdo, Vassalli cambiará de dueño por cuarta vez en menos de una década.
Vassalli acumula deudas millonarias
Aunque la firma no informó oficialmente el monto total de sus pasivos, registros del Banco Central muestran que acumula 869 cheques rechazados por más de $1.337 millones.
A esta situación se suman salarios adeudados, compromisos con proveedores y un esquema laboral reducido que actualmente mantiene a los trabajadores cumpliendo jornadas de apenas cuatro horas diarias, en el marco de un acuerdo alcanzado entre la empresa, la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y las autoridades laborales de Santa Fe.
Fuentes vinculadas a las negociaciones señalaron que una de las principales preocupaciones del potencial comprador es la masa salarial pendiente de pago, considerada uno de los mayores desafíos para la recuperación de la compañía.
Quiénes buscan quedarse con la empresa
La propuesta está encabezada por Roberto Santiago Chinelli, exgerente general de Vassalli y hombre de larga trayectoria dentro de la firma. Según trascendió, detrás de la iniciativa existe un grupo de inversores nacionales que, por el momento, mantiene reserva sobre su identidad.
El plan contempla que Chinelli asuma la conducción integral de la operación industrial, incluyendo producción, desarrollo de productos, comercialización, recursos humanos y servicio técnico, mientras que la administración financiera continuaría gestionándose desde Buenos Aires.
Las negociaciones apuntan a cerrarse antes de fin de junio, aunque fuentes de la Municipalidad de Firmat advirtieron que el proceso viene sufriendo sucesivas demoras debido a complejidades legales y societarias derivadas de los numerosos cambios de propiedad registrados en los últimos años.
Una crisis que se profundizó tras la sequía
El deterioro de Vassalli se aceleró a partir de 2023, cuando la fuerte sequía que afectó al sector agropecuario impactó de lleno en la demanda de maquinaria agrícola.
Durante ese período, la empresa dejó de tomar nuevos pedidos y concentró su actividad en finalizar equipos ya vendidos. Desde entonces, la producción quedó prácticamente paralizada y la situación financiera comenzó a agravarse.
En los momentos más críticos, los trabajadores recibieron asistencia alimentaria y sanitaria por parte de la Municipalidad de Firmat y del Gobierno de Santa Fe, mientras crecían las dudas sobre la continuidad de la histórica fábrica.
El plan para recuperar la producción
El grupo interesado en adquirir Vassalli no solo proyecta afrontar las deudas existentes, sino también implementar una profunda reestructuración industrial.
Entre los objetivos figuran la recuperación gradual de la actividad productiva, la incorporación de nuevas tecnologías, el desarrollo de maquinaria más competitiva y la creación de herramientas financieras propias para ofrecer créditos a productores agropecuarios.
La estrategia busca reducir una de las principales desventajas de la empresa frente a los grandes fabricantes internacionales, que cuentan con sistemas de financiamiento propios para impulsar las ventas.
La historia de una marca emblemática del agro argentino
Fundada en 1949 por Roque Vassalli en Firmat, la compañía se convirtió en una de las marcas más representativas de la industria nacional de maquinaria agrícola.
La empresa cuenta con tres plantas industriales que suman cerca de 99.000 metros cuadrados cubiertos y durante décadas fue una referencia en la fabricación de cosechadoras, plataformas y repuestos para el sector agropecuario.
Sin embargo, los últimos años estuvieron marcados por crisis financieras, convocatorias de acreedores y sucesivos cambios de propietarios.
En 2020 la compañía pasó a manos de un fideicomiso controlado por Esteban Eskenazi y Matías Carballo. Posteriormente, en enero de 2024, fue adquirida por el empresario entrerriano Eduardo Marsó en una operación valuada en U$S 8 millones.
Según fuentes del sector, Marsó abonó únicamente el pago inicial acordado y dejó pendiente el resto de las cuotas comprometidas, situación que hoy constituye uno de los principales obstáculos para concretar la nueva transferencia accionaria.