A través de miles de años, el ser humano temió al Diablo sin tener pruebas fehacientes de su existencia. La Biblia, el libro más leído en la historia, nos cuenta relatos que confirman dicha existencia, a través de personajes diversos de distinto tiempo. Si bien todo es cuestión de fe, las acciones de dichos personajes, aún hasta hoy hablan por sí mismas. La vida del santo Job transcurrió cerca de los 2.000 años antes de Cristo. En el inicio de su extraordinaria historia, ya se nombra a Satán en un encuentro con Dios. Esta es una de las tantas historias ricas en enseñanzas que contiene el libro. La vida de Job comienza así: “Había en el país de Us un hombre llamado Job; era un varón perfecto que temía a Dios y se alejaba del mal. Tuvo siete hijos y tres hijas. Tenía muchos servidores y poseía 7.000 ovejas, 3.000 camellos, 500 yuntas de bueyes y 500 burras. Este hombre era el más famoso entre todos los hijos de oriente. Sus hijos acostumbraban a celebrar banquetes por turno, en casa de cada uno de ellos, e invitaban también a sus tres hermanas a comer y beber con ellos. Una vez terminados los días de esos banquetes, Job los mandaba a llamar para purificarlos; se levantaba muy temprano y ofrecía sacrificios por cada uno de ellos. Pues decía: ‘puede que mis hijos hayan pecado y ofendido a Dios en su corazón.’ Así hacía Job. Un día, cuando los hijos de Dios vinieron a presentarse ante Yavé, apareció también entre ellos Satán. Yavé dijo a Satán: ‘¿De dónde vienes?’ Satán respondió: ‘Vengo de la tierra, donde anduve dando mis vueltas’. Yavé dijo a Satán: ‘¿No te has fijado en mi servidor Job? No hay nadie como él en la tierra. Es un hombre bueno y honrado, que teme a Dios y se aparta del mal’. Satán respondió: ‘¿Acaso Job teme a Dios sin interés? ¿No lo has rodeado de un cerco de protección a él, a su familia y a todo cuanto tiene?’ Has bendecido el trabajo de sus manos y sus rebaños hormiguean por el país. Pero extiende tu mano y toca sus pertenencias. Verás si no te maldice en tu propia cara’. Entonces dijo Yavé a Satán: ‘Te doy poder sobre todo cuanto tiene, pero a él no lo toques’. Y Satán se retiró de la presencia de Yavé”.

Daniel Chavez

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