El mundo Boca amaneció este martes golpeado por una noticia profundamente triste. A los 55 años murió Fernando Gayoso, histórico entrenador de arqueros del club y una figura muy querida dentro del predio de Ezeiza. El exfutbolista atravesaba desde hacía más de un año una dura lucha contra la ELA (esclerosis lateral amiotrófica), enfermedad que él mismo había decidido contar públicamente en 2024 luego de alejarse de las tareas cotidianas junto al plantel profesional.
La noticia fue confirmada por su hijo, Franco Gayoso, a través de un emotivo mensaje en redes sociales. “Hasta siempre, campeón. Te voy a extrañar toda mi vida. Descansá en paz. Te amo”, escribió en Instagram junto a una imagen familiar que rápidamente comenzó a multiplicarse entre hinchas, exjugadores y trabajadores vinculados al club.
La pelea de Gayoso contra la enfermedad
Durante los últimos meses, Gayoso permanecía internado en el Sanatorio Trinidad Mitre y su estado de salud mantenía en vilo a todo Boca. En distintas oportunidades, el exentrenador había contado con enorme fortaleza cómo transitaba la enfermedad. “Se torna medio duro asumirlo, pero trato de estar fuerte de cabeza”, había expresado tiempo atrás en una entrevista junto al periodista Mario Cordo.
Además del dolor por su cuadro de salud, Gayoso había atravesado otro golpe personal devastador: la muerte de su esposa, Silvina, quien había sido uno de sus principales apoyos desde que recibió el diagnóstico. Pese a todo, nunca perdió el vínculo con el club ni con los arqueros a los que siguió acompañando desde otra función gracias al respaldo institucional que recibió por parte de Boca.
Con casi dos décadas de trayectoria como entrenador de arqueros, Gayoso construyó una carrera muy respetada dentro del fútbol argentino y sudamericano. Trabajó en clubes como Vélez, Tigre y Nacional de Uruguay, aunque su historia más fuerte quedó ligada a Boca, donde tuvo dos etapas y formó parte de distintos ciclos exitosos. Especialista en el trabajo de los penales y muy valorado por los futbolistas, dejó una huella silenciosa pero enorme dentro del club.