La casona de Crisóstomo Álvarez 708, esquina Chacabuco (foto central), perteneció a la familia de Juan Heller desde 1883 hasta que en 1969 fue demolida para dar lugar a una sede bancaria y luego al actual Tribunal Oral Federal (foto pequeña). Era una casona tradicional del siglo XIX, con balconería austera, maciza puerta de calle con aldabón y adentro un patio donde “reventaba la alegría de las macetas junto a la austera línea de los dormitorios o la imponencia de la recepción y el comedor”, dice la nota de LA GACETA del 07/07/69, en la que se cuenta que la piqueta ponía fin a la vivienda. Allí nacieron Juan (1883), Corina (luego esposa de Fernando de Zavalía), Elena y Mercedes (después esposa de León Rougés).

Heller -quien no se casó y no tuvo hijos- ocupó el sector sur, que daba a la calle Chacabuco. “Las casas tenían comunicación interna y Heller almorzaba y comía en el gran comedor, con toda su familia. Pero era en su galería y su patio, rodeado por la florida enredadera que colgaba, por macetones con plantas y a la sombra de un palto, que se sentaba a leer en una vieja reposera de hierro, cuando no estaba en el escritorio”, cuenta Carlos Páez de la Torre (h) en su conferencia del 07/09/2004 sobre el jurisconsulto y humanista.

Las paredes cobijaron su espléndida biblioteca, sus largas jornadas de estudio como magistrado de la Corte y sus traducciones de los clásicos, añade la nota de LA GACETA. Allí se reunieron en las jornadas fundacionales de la Universidad con Juan B. Terán, su cuñado León y Alberto Rougés, Ricardo Jaimes Freyre, Ernesto Padilla, Julio López Mañán y Miguel Lillo. Heller y su cuñado León, industrial azucarero y figura de la política, habían instalado en una de las habitaciones una pedana para ejercitarse en esgrima y tiro. Más de una vez, utilizando pistolas con balas de cera, celebraban imaginarios duelos para mantenerse diestros.

Recuerdos fotográficos: “Apúrate despacio”, el “ex libris” de Juan Heller para la Corte

En noviembre de 1917 la Cámara de Diputados planteó juicio político contra el gobernador Juan Bautista Bascary, a pocos meses de iniciarse su mandato. En medio de las tensiones entre Legislativo y Ejecutivo –con enfrentamientos entre policía y opositores- y apenas decretada la suspensión del gobernador, León Rougés, como presidente del Senado, dispuso asumir el mando de la Provincia e instaló el gobierno en esta casa, que se convirtió en sede de un gobierno paralelo. El día de la sesión del juicio político, 5 de noviembre, el Gobierno, a punta de pistola, fue a desalojar la vivienda y con una barreta se abrió la reja de entrada. Cuando los uniformados invadieron la casa, la intervención de Ernesto Padilla impidió un enfrentamiento armado. Rougés y su designado gabinete fueron arrestados y deportados. El incidente desembocaría días después en una intervención federal al gobierno provincial, que duraría hasta julio de 1918, cuando Bascary fue restituido en el cargo.