Un compañero de trabajo llega a la oficina. “Que rico perfume tenés”, exclama alguien. “No es el perfume, es la piel”, con claro sentido de ironía y con tono bromista responde quien porta el aroma que conmovió las fosas nasales. También hay un poquito de arrogancia. “Un ‘bueeeee’” por lo bajo también se escuchó en referencia a la actitud con la que entró el compañero.

Más allá de ser presumido o no, el sujeto en cuestión aunque haya hecho el comentario en chiste, su respuesta no puede haber sido más seria y cierta. Los compuestos de los perfumes reaccionan de un modo distinto en cada persona. Empezando por la distinción entre la piel del hombre y la de la mujer.

Aquí el perfumista, Gustavo Martinelli, tira por la borda aquello que se dice es “por el PH de la piel”. Para el experto pasa por una cuestión de hábitos de vida también. “Depende de la microbiota de la piel. Es decir, de la dieta que tiene esa persona, lo que toma, si consume o no ciertos medicamentos o potenciadores. El organismo lo repele o no, todo eso modifica las moléculas del aroma”, explicó Martinelli. 

Seriedad

Entonces, la broma toma rigor científico. Por lo tanto antes que preguntarle al compañero de dónde sacó el perfume para oler igual de bien como él, es mejor pensarlo dos veces para no llevarse una sorpresa al momento en que las delicadas gotas del difusor del frasco se posen en la piel.

“La piel es como una firma”, compara Ana Anzorena. La maquilladora profesional también tiene un olfato calificado. En el mundo de la moda internacional en el que se mueve, donde en cada desfile está cara a cara no solo con sus clientes sino con expertos en aromas, la tucumana posee una perspectiva calificada. “Ya  no se elige el perfume por la marca. Se elige por la memoria que deja en la piel”, advierte la dama.

Si ese compañero que llegó fragante, por más que alguien se perfume con el mismo aroma, es probable que no reciba ningún elogio. De ahí es que se explica el tímido crecimiento de la perfumería de autor. 

A esa se dedica Martinelli que cada vez tiene más trabajo como artesano de los aromas. “Los perfumes dejaron de ser accesorio y se volvieron diario íntimo en frasco”, define en sintonía Anzorena. Y agrega: “se acabó el perfume para todos. Hoy el lujo huele a nicho, a ingredientes raros y a vos. Este es el concepto”.

Es cuando los perfumistas de diseño entran en escena, no solo para particulares. A Martinelli ya le pasó: lo convocaron para captar el aroma de la Casa Histórica, donde se declaró la Independencia argentina. Al creador le salió “Umbral” que es un perfume no corpóreo (para ambientes) que combina -después de investigar mucho- notas de cuero, tabaco (para recrear el ambiente frío y el fumar en habitaciones), algún tono cítrico, flores (neroli, jazmín, rosas), cedro, nogal y sándalo y algo infaltable para que el olor sea completamente de 1816: una nota que reproduce el aroma de la tinta con la que se firmó el acta de la Independencia.

Es una perfumería que se construye al revés de la comercial señala Martinelli. La perfumería comercial, elabora el producto a partir de estudios de marketing y de diseño; se diseña a partir de lo que quiere la masa de gente.

En suma

El paradigma moderno de la perfumería no deja de lado la industrialización a la que no se dedica el tucumano, sino que incorpora la escala personalizada. Las personas siguen viendo los exhibidores, pero saben que hay otra opción y esa puede ser a medida, tal como remarca Anzorena. “La gente busca singularidad, no popularidad”, dice la makeup artist y se anima a dar su diagnóstico del presente. “Antes el éxito masivo lo daban los logos grandes, más el frasco icónico. Ahora, los perfumes de nicho mandan. Ingredientes artesanales, producciones chicas, historias detrás del aroma”, insiste Anzorena.

Así que por más que el compañero del trabajo, como él dice, "depende de la piel", todos podemos oler como más nos guste. El mundo de los aromas propone menos marketing y más piel y emociones.