El 25 de Mayo de 2810 no fue una fiesta. Fue un corte de soga. Ese día en Buenos Aires un grupo de criollos decidieron que no iban a seguir esperando órdenes de un rey que estaba preso y de un virrey que ya no representaba a nadie. Después de una semana de reuniones tensas en la plaza, el cabildo abierto destituyó al virrey Cisneros y se formó la Primera Junta. No hubo independencia ese día. Todavía faltaban seis años y una guerra larga. Pero si hubo algo más difícil, hubo coraje para decidir. “Nos hacemos cargo”. De un día para el otro la gente común pasó de súbdita a ciudadana. Esa es la herencia del 25 de Mayo, entender que la patria no se hizo sola, no se hereda, se construye. Se construye discutiendo, equivocándose, bancándose las diferencias y eligiendo seguir juntos aunque cueste. Sin eso no hay himno, escarapelas ni empanadas que alcancen. Hoy, 216 años después, el desafío es el mismo, pero con otros nombres, como hacemos para que la libertad que ganaron en 1810 se transforme en trabajo, educación y justicia para todos los que vivimos acá. A mí el 25 de Mayo me hace pensar en nuestros abuelos. Quizás, algunos de ellos no sabían mucho de historia, pero cada año se ponían la escarapela y nos decían, esto es tuyo, pibe. Cuidalo. Y tenían razón, la patria no es un lugar en el mapa. Es la gente que te rodea y el país que les deja a los que vienen atrás. ¡Feliz 25 de Mayo!
Rodolfo Ruarte
Las Heras 516 - S. M. de Tucumán