La burocracia domina toda la vida en el mundo distópico que sobrevino tras una explosión devastadora. En una oficina, se archivan los deseos de los ciudadanos, pero la aparente normalidad se rompe cuando un expediente saltea la veda y queda a punto de cumplirse. La normalidad se desmorona y se siembra el terror en los tres empleados públicos de ese despacho.
“Ministerio de la Posibilidad” es la creación colectiva que se verá a las 21 en El Atelier (avenida Mate de Luna 2.930, con estacionamiento propio), dirigida por Belén Mercado y con las actuaciones de Paula Marcoux, Mauricio Ramos Yassine y José María Risso Nieva, cuyos personajes comparten jornadas laborales cargadas de secretos, chismes, tensiones, romances y peleas con carga humorística hasta que el terror se apodera de ellos. La música original es del chelista Manuel Mercado.
“La obra surgió casi por terquedad. Fueron dos años de improvisaciones acomodadas a los horarios que teníamos, porque la mayoría de nosotros somos empleados estatales. Es el contexto socio político absurdo que nos atraviesa, donde todo parece venirse abajo, nos mirábamos en los ensayos y nos preguntábamos sobre el sentido de hacer ficción cuando la realidad te pasa por encima. En medio de ese escepticismo, apareció un impulso de hacer, una voluntad imperiosa de crear con otros, de manifestarnos cooperativamente ante un sistema que aísla”, señala para LA GACETA.
- ¿Cuál fue la premisa para comenzar?
- Básicamente, las ganas de trabajar juntos y de contar una historia. El simple acto de recortar un tiempo y un espacio para estar con otros. En el argumento, la pregunta era hasta dónde uno negocia con el sistema su propia existencia, porque los personajes son engranajes de un sistema gigante, en el cual procesan planillas. Queríamos ver qué pasa cuando la vida misma se vuelve un trámite interminable, pero desde el absurdo.
Teatro: cómo despedir a los amigos que mueren- ¿Estamos en un momento apocalíptico?
- Totalmente, pero no un apocalipsis de zombies y meteoritos, sino uno de ventanillas. En la obra todo transcurre “después de la explosión”. Y siento que en nuestra actualidad vivimos así, gestionando las esquirlas de algo que ya estalló. Sobrevivimos en un escenario donde la salvación parece ser “el gran sistema racional llamado burocracia”. El fin del mundo no es un estallido espectacular; es un oficinista mirándote con el mismo fastidio que vos a él y pidiéndote que vuelvas mañana porque te faltó el formulario 345.
- ¿Qué significaría administrar los deseos?
- Asfixiarlos con papelerío. Cuando una solicitud supera lo estrictamente necesario para sobrevivir y se atreve a desear algo más, pasa al Ministerio de la Posibilidad. Ahí maquetan, etiquetan, procesan y, sobre todo, aplazan. Administrar el deseo es demorarlo, es convencerte de que imaginar un poco de belleza, de nostalgia o de encontrarse con otros es un “exceso” que el sistema no puede permitirse.
- ¿La actualidad no nos lleva a acotar nuestras aspiraciones?
- La actualidad nos anestesia. Nos quieren convencer de que desear es un lujo peligroso. La burocracia es la estructura diseñada específicamente para demorar, aquietar, enojar y adormecer. El gran secreto del castigo burocrático es ese: no te mata, te acostumbra. Nos acotan las aspiraciones hasta que terminamos dudando de si somos personas o “una solicitud en trámite”.
- En simultáneo está en escna “Archivo Ramona” del grupo de Raúl Reyes, que también aborda la burocracia como mecanismo de control. ¿Por qué esta coincidencia?
- Raúl es un referente necesario para nosotros y el teatro tucumano. Si estamos hablando de lo mismo, es porque la burocracia es hoy uno de los grandes soportes del control social. Es fantástico que se esté disparando desde distintos frentes contra el mismo monstruo. Si nos van a sepultar en expedientes, por lo menos vamos a hacer ruido mientras caen los papeles.