No solo es interesante lo que plantea la lectora Susana Díaz, sino una realidad, que sería dudosa, si se aprueba en la Legislatura, de que será el camino correcto para ser una solución en la educación tucumana. Se refiere a la modificación del Estatuto Docente, para posibilitar el acceso a cargos de supervisor, de docentes que no cumplirían el requisito de titularidad en el cargo inmediato inferior. Esto, considerando una necesidad de control, seguimiento y asesoramiento a directivos en la actualidad, que no se realiza, ante la falta de supervisores. Que es primero: el huevo o la gallina. Ése es el predicamento en el que se encuentran docentes y directivos, que no cubren cargos superiores. En este caso, el huevo serían los Concursos de antecedentes y oposición (léase, exámenes), que no se realizan, desde hace décadas, como lo estipula el Estatuto Docente: anualmente. Si bien los concursos no garantizan la idoneidad a futuro en el cargo obtenido por esta vía, sí garantizan (o garantizarían), al menos, una constante en el sistema. El perfeccionamiento continuo, la participación anual en situaciones que de una forma u otra, elevarían el nivel de los participantes. Con el lógico derrame en un sistema educativo que ya no puede darse el lujo de seguir improvisando, manipulando según el gobierno de turno, “ innovaciones” para sí garantizar la mediocridad. Estamos sufriendo como sociedad, los resultados de una educación que en décadas, produjo la disminución de exigencias en todos los ítems: evaluaciones, promoción, disciplina que asegure mejoras en la convivencia de las instituciones escolares. ¿Ahora, de ser laxos con los alumnos y padres, pasaremos a ser laxos con las capacidades de personal jerárquico? No sería una receta para las exigencias del mundo actual y el futuro de una provincia que cada vez es más evidente, necesita idoneidad. Si no, volveremos a ser aldea, mientras Neuquén, por ejemplo, ya es considerada un polo económico con capacidad de relacionarse a nivel internacional. Educación, divino tesoro.

Hilda Cristina Ponce                                  

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