En el complejo Natalio Mirkin los teléfonos no paran de sonar. Las llamadas se suceden, los mensajes se acumulan y, en los pasillos de La Ciudadela, el tema tiene nombre y apellido: Alan Cisnero. El contrato del volante vence en diciembre y la comisión directiva de San Martín ya tomó cartas en el asunto. En la previa del partido contra Gimnasia y Tiro de Salta, la dirigencia avanzó en la renovación del vínculo de uno de los futbolistas más regulares de la temporada y pieza clave en el esquema de Andrés Yllana.

El nuevo contrato ya estaría sobre la mesa y, desde la CD, esperan una respuesta positiva tanto del jugador como de su representación. En la dirigencia hay una certeza: asegurar la continuidad de un futbolista de su proyección resulta fundamental para el proyecto deportivo del club. Por eso, confían en que todo pueda resolverse durante la próxima semana. “Estamos a la espera de una respuesta positiva. Él demostró sus ganas de quedarse”, dijo un allegado de la dirigencia “santa” a LA GACETA.

La historia de Cisnero tiene raíces en el mismo predio donde hoy todos hablan de él. Nació en Río Colorado, Leales, y llegó al club a los 15 años con una única certeza: quería jugar en San Martín. No tenía garantías ni promesas. Tampoco padrinos. Tenía velocidad, personalidad y una convicción silenciosa que lo empujó a quedarse.

Pasó por distintos planteles, absorbió experiencia de compañeros con jerarquía y fue construyendo su camino de la manera más honesta: trabajando y aprendiendo de cada cuerpo técnico.

“Poder sumar minutos y debutar en La Ciudadela fue algo que soñé desde que empecé a vestir estos colores, de los cuales soy hincha”, había declarado Cisnero en aquel entonces.

Sin embargo, lejos de relajarse con el reconocimiento, el crecimiento nunca lo distrajo de lo importante. “Me sigo entrenando al máximo, como siempre, para estar a disposición del cuerpo técnico cuando me necesiten y poder aportar al equipo”.

Gran desempeño

Dentro de la cancha, los números lo respaldan fecha tras fecha. Cada vez que ingresa aporta manejo de pelota, resistencia ante la marca y velocidad para romper espacios cuando el equipo lo necesita. No es un volante que se esconda. Es de los que piden la pelota, encaran y tienen la claridad necesaria para tomar la decisión correcta en el momento justo. Se mueve por todo el ancho del campo, presiona, retrocede y aparece como sorpresa en el frente de ataque. Ese perfil dinámico es exactamente lo que Yllana necesita en su sistema.

Tal fue su incidencia que, contra Gimnasia y Esgrima de Jujuy, su protagonismo resultó determinante para uno de los triunfos más importantes del año.

Cisnero se convirtió en el eje de su equipo: generó peligro constante por la derecha mientras la defensa visitante, descompensada, apenas atinaba a rechazar. El primer gol de aquella noche nació de sus pies, con un centro desde la izquierda para Diego Diellos, que se desmarcó al segundo palo y cabeceó al gol. Incluso estuvo cerca de marcar con una volea desde afuera del área que se fue apenas desviada.

Su aporte trasciende los resultados individuales. Yllana encontró en él a un futbolista con personalidad para sostener el esquema y la intensidad que el equipo requiere en cada partido.

“Tiene todo para ser un jugador relevante, para que el club en algún momento pueda transferirlo. Pero depende de él, de cuánto se crea eso, manteniendo la humildad con la que trabaja y se entrena”, aseguró Yllana semanas atrás ante la consulta de LA GACETA sobre el futbolista.

Por eso, la posibilidad de perderlo a fin de año encendió las alarmas en la dirigencia. Cisnero dejó en claro en más de una oportunidad el peso emocional que tiene la camiseta para él. “Representar la camiseta del equipo más grande de Tucumán es algo extraordinario y satisfactorio, porque significa que todo el esfuerzo mío y de mi familia está dando frutos”, expresó.

Del lado de San Martín, la apuesta ya está hecha: renovar y retener a uno de los suyos.