“¡Está loco ese pierna!, vociferó un muchacho, cuando otro pasaba a unos 100 kilómetros por hora, acostado boca abajo sobre el asiento de su moto, con las piernas rectas colgadas en el aire, conduciendo con una mano y saludando con la otra”. La crónica de LA GACETA del 14 de abril de 2003, escrita por Federico Türpe, daba cuenta de la moda de las picadas de los viernes entre la una y las tres de la mañana en la avenida Wenceslao Posse, entre el semáforo y la rotonda, en la zona sur del parque 9 de julio.
El título: “Las motos rugen de madrugada en la pista el ex aeropuerto”. La nota relataba que las picadas, en vez de ser protagonizadas, como hasta entonces, por conductores de autos, ya estaban siendo monopolizadas por motociclistas de entre 16 y 30 años, sin cascos, con motos de dos y cuatro tiempos, pequeñas y grandes. “LA GACETA se infiltró este último viernes entre estos corredores caseros y observó carreras y arriesgadas acrobacias... También vio cómo los más de 50 motociclistas huyeron despavoridos en distintas direcciones cuando creyeron que llegaba la Policía. “¡La cana! ¡La cana! gritaron varios y en menos de 10 segundos se vació la avenida”. Los que llegaban eran automovilistas chistosos que, “sabiendo que la paranoia reina entre los corredores, les jugaron una broma”. “Cuando las motos volaron, ellos giraron 180 grados por la avenida y retornaron ‘picando’ hacia la oscuridad del parque”.
Recuerdos fotográficos: Charles Nungesser, el as del aire que aterrizó en el parque en 1913Consultado el comisario Pedro Duque, de la seccional 11a, dijo: “Cada tanto nos damos una vuelta por el lugar y eso sólo basta para que se vayan disparando”.
Pocas semanas después dejaron de ser noticia. Con el tiempo aparecieron picadas por otras partes, como el ex autódromo, la ruta 301 en Famaillá, la avenida Mate de Luna y, últimamente, en avenidas de Lomas de Tafí. En 2023 se aprobó por unanimidad una ley para regular las picadas, pero desde entonces se espera que el Poder Ejecutivo la reglamente.