El terrible accidente que sufrió el niño Benjamín Olariaga, de 12 años, ha sumido en el dolor a la comunidad y ha puesto en discusión una problemática que crece al mismo ritmo que la cantidad de aficionados. Sus familiares reclamaron mayores controles y medidas de prevención porque entienden, con razón, que muchas de las sendas utilizadas por los bikers encierran peligros que no siempre son advertidos. A este sentido reclamo debe añadirse que también los ciclistas deben asumir un compromiso con su seguridad. El instructor Carlos Pérez López dice que uso del casco, la elección de bicicletas adecuadas y la selección de circuitos acordes a la experiencia y capacidad física de cada persona son aspectos que a menudo quedan relegados frente al entusiasmo o la imprudencia.
El crecimiento del mountain bike en Tucumán refleja mucho más que una moda deportiva. La combinación entre naturaleza, actividad física y aventura convirtió a esta disciplina en una de las más convocantes de la provincia. Sin embargo, detrás de ese fenómeno también aparecen riesgos que muchas veces son subestimados, especialmente por quienes se inician en la actividad sin la preparación adecuada. Resulta imposible controlar los miles de senderos que atraviesan la provincia. Pero eso no significa que no puedan implementarse herramientas para reducir riesgos. Los ciclistas cuentan desde hace años con aplicaciones como Strava, donde figuran distancias, desniveles y niveles de dificultad de los recorridos más utilizados. Esa información podría complementarse con cartelería preventiva y señalización en los circuitos más transitados, tal como ocurre en otros puntos del país donde el mountain bike también se transformó en un atractivo turístico.
La disciplina, además, tiene una característica que merece ser destacada: la mayoría de sus practicantes promueve el respeto por el medio ambiente y el cumplimiento de normas básicas de convivencia. Son los propios bikers experimentados quienes suelen cuestionar las conductas irresponsables, tanto en los senderos como en las calles. Alcanzaría con fortalecer ese trabajo comunitario para generar mayor conciencia entre quienes recién se incorporan a la actividad.
Tampoco se parte desde cero. El programa “Senda Segura”, impulsado a partir de la pandemia, demostró que la articulación entre el Estado y los deportistas puede dar resultados concretos. Los operativos en los senderos de Yerba Buena y zonas cercanas no sólo apuntan a prevenir delitos, sino también a asistir y rescatar a quienes sufren accidentes o inconvenientes durante los recorridos.
El debate, entonces, además de determinar responsabilidades después de cada accidente, debe contemplar cómo evitarlos. Tucumán ya tiene experiencia, herramientas y actores dispuestos a involucrarse. El desafío pasa ahora por profundizar las medidas preventivas y promover una cultura de mayor responsabilidad antes de que otra tragedia vuelva a poner el tema en el centro de la escena.