El martes 2 de septiembre de 2025 había empezado como cualquier otro para la familia Hernández. Habían hablado a la mañana, organizado la rutina de siempre y quedado en encontrarse a la tarde, después del colegio. Pero cerca de las 17, mientras José “Cheo” Hernández pedaleaba por la ruta 9, a la altura de la empresa Trapani, una camioneta lo embistió y todo cambió en cuestión de segundos.

“Era un martes normal”, dice Maira Mistreta. “Quedamos en que a la salida del colegio me iba a buscar a las seis”, recuerda. Nada anticipaba lo que vendría después. El teléfono empezó a sonar insistentemente en medio de un acto. “No podía atender… eran chicos que me llamaban. Yo no entendía qué estaba pasando”. Minutos después, una llamada desconocida cambió todo: “Me dice ‘¿sos la esposa de ‘Cheo’?’. Y cuando me dice que había tenido un accidente… yo no dimensionaba nada". 

Al principio pensó en una caída, algo habitual en el mundo del ciclismo. Pero la frase que siguió la hizo dudar: “No, él no puede hablar, ya lo van a llevar al hospital”. Ahí entendió que era grave.

Llegó al Hospital Padilla casi al mismo tiempo que la ambulancia. “Cuando lo veo, con sangre… ahí me doy cuenta de la gravedad”, cuenta. Desde ese momento, todo fue vértigo: la guardia, los médicos, los primeros diagnósticos. “Me hablaban de un politraumatismo severo… traumatismo encefalocraneano… estado neurológico crítico”, enumera.

La escena que más la marcó fue otra: “Me entregan el anillo… eso fue durísimo”.

Esa noche, cuando finalmente pudo verlo en terapia intensiva, la situación era crítica. “Lo más impactante era su cabeza… estaba todo inflamado. Me dijeron que en cualquier momento podía entrar a quirófano”. Los médicos fueron claros: el cuadro era grave y el pronóstico incierto.

Durante días, la incertidumbre fue total. “No sabíamos si había muerte cerebral”, recuerda. Recién el 12 de septiembre aparecieron las primeras señales. “Abre los ojos… aprieta la mano. Eso era todo”, dice, como si todavía midiera la fragilidad de ese momento. Con el paso de los días, comenzaron a aparecer también las primeras secuelas: un diagnóstico neurológico y psiquiátrico derivado del traumatismo, con alteraciones en la conducta y la personalidad. En ese contexto, el reconocimiento no era inmediato. “No me reconocía… tampoco a los chicos”, cuenta Maira, sobre ese tiempo en el que “Cheo” preguntaba por su familia, pero no lograba identificarla.

Las secuelas siguen hasta hoy. “Tiene afectada la vista… el campo visual es limitado. Y en la audición tiene una pérdida casi total en un oído”, explica. A eso se suma un deterioro cognitivo que requiere tratamiento constante. “Tuvo que aprender de cero muchísimas cosas”.

El impacto no fue solo físico. “Nos cambió la vida”, resume. ‘Cheo’ ya no puede trabajar y la economía familiar se reorganizó por completo. “Cerramos el negocio que teníamos yo soy docente y estoy vendiendo comida congelada desde casa”, dice.

Pero lo más difícil fue atravesarlo con sus hijos. “Me preguntaron si el papá se iba a morir… no supe qué decirles”, recuerda. Ese momento, asegura, fue el más duro de todos.

A casi un año del accidente, la recuperación sigue, sin plazos claros. “Es un día a la vez”, repite. Y encuentra una forma de nombrar lo que viven: “Es como un duelo… porque el ‘Cheo’ de antes ya no está, aunque lo sigamos viendo todos los días”.

La causa judicial y las posiciones de las partes

Mientras la familia atraviesa la rehabilitación, la causa judicial avanza con tensiones entre las partes. Según explicó la abogada de la víctima, María Paula Plizzo, la investigación penal ya cuenta con pruebas y pericias técnicas. “Atribuyen responsabilidad exclusiva al conductor por una maniobra imprudente”, señaló. Sin embargo, cuestionó la falta de avances: “La audiencia de imputación fue suspendida en tres oportunidades”.

Del otro lado, la defensa del imputado, representada por el abogado Guillermo Dodds, planteó una estrategia distinta. “Solicitamos el sobreseimiento, entendiendo que la víctima realizó una conducción ilegal de la bicicleta”, explicó, en referencia a la circulación en autopistas.

La audiencia reciente tuvo dos objetivos centrales: “La formulación de cargos y la discusión de medidas de coerción”, detalló Dodds. Es decir, se le comunicó al imputado el delito que se le atribuye y las pruebas en su contra, además de fijar restricciones mientras avanza el proceso.

En paralelo, también se desarrolla una causa civil. “Está en etapa de mediación… hubo un ofrecimiento económico por parte de la aseguradora”, indicó el abogado defensor.

Ese punto es uno de los principales focos de conflicto. “Hay una diferencia económica entre lo que se ofrece y lo que pretende la querella”, explicó Dodds, quien sostuvo que su cliente ya realizó una propuesta “bastante elevada” en relación a sus ingresos.

La jueza interviniente, según la defensa, instó a las partes a buscar una salida alternativa. “Nos invitó a intentar llegar a un acuerdo”, señaló.

En cuanto al proceso penal, la defensa anticipó que continuará con una impugnación tras el rechazo al pedido de sobreseimiento. “Lo que sigue ahora es esperar el resultado de esa impugnación”, explicó Dodds.

Así, mientras la recuperación de “Cheo” Hernández sigue su curso día a día, la causa judicial avanza entre pericias, planteos contrapuestos y negociaciones que aún no encuentran un punto de acuerdo.