En pocas semanas se cumplirán 70 años del momento en que dos jóvenes veinteañeros norteamericanos pergeñaron la idea de la inteligencia artificial, con el fin de descubrir de manera fáctica el funcionamiento del cerebro. El título no fue fácil. Fue producto de la discusión con otros dos compañeros e ingenieros junto a otros físicos, sociólogos y psicólogos bajo el amparo de la fundación Rockefeller. Los iniciadores, John MacCarthy, profesor asistente de matemática en Dartmouth College, y Marvin Minsky, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) se basaron en la idea de Aristóteles, quien formuló con cierto grado de precisión las leyes que gobiernan la parte racional de la mente humana con el criterio de un sistema informal de silogismos. A esa idea le agregaron el sistema computacional creado por el inglés Alan Turing compuesto por aparatos físicos (hardware) sumados a instrucciones establecidas (software) interactuando para lograr un fin. El propósito de los jóvenes era la construcción de aparatos que funcionen sistemáticamente para descubrir cómo funciona el cerebro de los seres vivos, dado que, hasta ese momento sólo disponían de especulaciones basadas en los descubrimientos de la estructura anatómica a las que los científicos les asignaban determinadas funciones. Las informaciones no dan cuenta de la fabricación pertinente, pero si, de creaciones cibernéticas lA o Al, sea en inglés o español. Empero, a esos trabajos producidos por intelectos sobresalientes les asignan la funcionalidad de la inteligencia artificial con la que se engaña y estafa asignando declaraciones a personalidades o autoridades carentes de veracidad, más, no se ha logrado el ansiado objetivo de los asistentes a la denominada "Conferencia de Dartmouth", realizada del 2 al 26 de mayo de 1956. Usan Al para distorsionar la realidad. Muchas autoridades y, en general, los políticos recurren a la lA a guisa de publicidad y propaganda para encumbrar sus nombres gastando insulsamente el dinero aportado por los ciudadanos en forma de impuestos. De nada les sirve el ejemplo que dieran muchos gobernantes de siglos anteriores como Marco Aurelio que administró el imperio más grande de esa época sin gritar sus planes, o Séneca, que enseñó que el verdadero poder no se anuncia, se crea, demuestra y se mantiene en silencio. La ineficiencia e incluso la deshonestidad se trata de ocultar con gigantografías, versión en dispositivos electrónicos, olvidando que, el trabajo honesto, fructífero y permanente en una comunidad es visible en todo tiempo y lugar, al igual que la incompetencia.

Fernando Sotomayor

Alberdi 139 – S. M. de Tucumán