Atlético Tucumán dio un paso adelante en el funcionamiento, pero volvió a quedarse corto en el resultado. El empate 1 a 1 frente a Banfield, en el Monumental José Fierro y por la fecha 16 del Torneo Clausura, dejó una sensación ambigua: el equipo mostró señales claras de evolución, aunque sigue sin traducirlas en victorias. En su despedida ante el público en este primer semestre de 2026, el “Decano” expuso avances en lo colectivo, pero también evidenció limitaciones que le impiden sostener los partidos.
Desde lo táctico, la propuesta de Julio César Falcioni fue coherente con la idea que viene consolidando. El 4-1-4-1 se mantuvo como estructura base, con Leandro Díaz como única referencia ofensiva, pero con un mediocampo más dinámico y mejor equilibrado. La principal novedad fue la inclusión de Leonel Vega como volante central posicional, una decisión que terminó siendo uno de los puntos altos de la noche.
Vega, en apenas su cuarto partido en Primera y segundo como titular, aportó orden y recuperación. Se posicionó correctamente por delante de la línea defensiva, cortó circuitos de juego de Banfield y, lo más importante, resolvió con simpleza cada intervención. Su lectura para anticipar y su criterio para jugar a uno o dos toques le dieron al equipo una fluidez que en partidos anteriores no había tenido. Atlético encontró en él un eje que le permitió sostener mejor las transiciones.
Por delante, el movimiento de piezas también resultó interesante. Lautaro Godoy se ubicó como interior por derecha, con la misión de asociarse con Franco Nicola y Renzo Tesuri en el centro, mientras Nicolás Laméndola ocupó el carril izquierdo. Esa línea de cuatro volantes tuvo movilidad, generó triangulaciones y logró progresar con mayor claridad que en presentaciones anteriores. De hecho, Godoy fue el más destacado: rompió líneas, ofreció opciones de pase y mostró personalidad para asumir protagonismo, aun cuando habitualmente era una alternativa desde el banco.
Atlético, a partir de esa estructura, logró algo que venía siendo una deuda: generar situaciones de gol. El equipo pisó con frecuencia el área rival, desbordó por las bandas y encontró espacios entre líneas. Sin embargo, la falta de eficacia volvió a ser determinante. El “Loco” Díaz tuvo oportunidades claras en el primer tiempo, pero no estuvo preciso en la definición. Esa ineficacia terminó condicionando el desarrollo posterior.
El gol del “Decano”, a los 10 minutos del complemento, parecía encaminar el partido. Sin embargo, ahí apareció otra de las falencias recurrentes: la incapacidad para sostener la intensidad. El equipo empezó a perder frescura en el mediocampo, los volantes ya no presionaron con la misma agresividad y Banfield encontró espacios para avanzar. La estructura comenzó a partirse y Vega quedó demasiado expuesto en la contención.
Los cambios tampoco ofrecieron soluciones. Los ingresos de Ramiro Ruiz Rodríguez, Alexis Segovia y Ezequiel Ham no lograron recomponer el orden en la mitad de la cancha ni aportar claridad en la circulación. Atlético retrocedió metros, se replegó cerca de su área y le cedió la iniciativa al rival. Sin la pelota y sin capacidad de respuesta, el equipo quedó a merced de lo que pudiera generar Banfield.
El empate sobre el final terminó siendo la consecuencia lógica de ese retroceso. Más allá de la mejora en el juego, Atlético volvió a mostrar que aún no encuentra el equilibrio necesario para cerrar los partidos. La evolución está, especialmente en la intención de juego y en algunas decisiones tácticas acertadas, pero todavía falta consolidar una estructura que resista el paso de los minutos y los diferentes momentos del encuentro.
El desafío ahora será sostener lo bueno y corregir lo que sigue fallando. Porque si bien el rendimiento dejó señales positivas, los resultados siguen siendo esquivos. Y en el fútbol, esa combinación suele ser tan prometedora como peligrosa.