MEMORIAS
BAJO ESTE CIELO. VIAJES, AMOR Y REVOLUCIÓN
GERARDO PISARELLO
(Fondo de Cultura - Buenos Aires)
La publicación de un libro de un autor con raíces tucumanas por una editorial prestigiosa es un anzuelo atractivo para este ávido lector de novedades en las discretas librerías porteñas, alejadas del bullicio de las grandes cadenas del rubro. La curiosidad es mayor cuando su autor es contemporáneo en edad a este columnista, y su nombre es reconocido tanto en el mundo académico, como en el ambiente del progresismo político iberoamericano. Se trata de Gerardo Pisarello, dirigente relevante de la actual coalición de izquierdas españolas llamada “Sumar”, diputado y miembro de la Mesa Directiva de las Cortes Españolas. La lectura de Bajo este Cielo. Viajes, amor y revolución, un texto alejado de sus refinados tratados políticos y de derecho constitucional, es un recorrido íntimo y literario por su proceso de duelo ante las muertes de su esposa, Vanesa Valiño, de su hermana “Tatá” Pisarello, de su madre, Aurora Prados, y la de su padre, Ángel Gerardo Pisarello, abogado defensor de los perseguidos políticos por el Proceso de Reorganización Nacional, bárbaramente asesinado en 1976, convertido en una de las víctimas más notorias de la dictadura militar en nuestra provincia.
Desde el punto de vista literario este libro de Gerardo Pisarello podría remitirnos al Diario de un duelo, de Roland Barthes, o tal vez, el relato emocionalmente impactante de El jardinero y la muerte, de Gueorgui Gospodinov, donde el proceso de morir de un padre es un duelo anticipado y una profunda reflexión sobre la complejidad, las tensiones y el amor de los lazos paterno-filiales. Pero no es este el caso. Porque Gerardo Pisarello nos guía en una peregrinación por los paisajes de Córdoba, Santiago del Estero y Tucumán, rememorando hitos de su vida y de su memoria familiar, trayéndonos a la vida personas y fragmentos de una historia colectiva dolorosa y omnipresente en el devenir de la historia argentina y tucumana, cuyas huellas están en nuestro día a día, y porque muchos de los personajes que Pisarello menciona caminan, toman café y debaten cotidianamente en las calles céntricas de nuestro San Miguel de Tucumán. Sus vivencias de niño, como el hijo de una víctima de la dictadura en el Tucumán de los 70-80, son pinceladas de esa época oscura y contradictoria de la vida provincial, cuyos pliegues aún no han sido explorados con seriedad. También en su lectura se percibe un sentimiento de decepción ante el clima conservador y asfixiante de la sociedad tucumana que actúa como disparador de una fuga hacia otros horizontes, replicando un patrón literario que aparece en las páginas de escritores comarcanos como Juan José Hernández con su fulgurante La Ciudad de los Sueños o en los textos de Elvira Orphée que transpiran el tedio y el aburrimiento volcados en su novela Aire tan dulce. Quizás Gerardo Pisarello no está en la misma sintonía que estos escritores tucumanos, pero su melodía nos remite a la misma clase de música: la represión moral, la violencia política y cotidiana, la exclusión del “audaz” y del “diferente” de la vida tucumana, son causas para la huida hacia en tierras lejanas, para luego mirar desde la lejanía al terruño con nostalgia y desazón, sin renunciar a esa “tucumanidad” que se integra a las identidades individuales.
Viaje para saldar deudas
Este viaje personal de Gerardo Pisarello para saldar sus deudas con sus muertos y evocarlos como un rito para seguir adelante con su camino, no escapa, por sus vivencias y sus orígenes, al drama colectivo que nuestro país padeció bajo los años de plomo de la dictadura. Los apellidos de sus amigos y compañeros de viaje son evocativos de figuras trascendentes de uno de los campos políticos enfrentados en esos años. Su sola mención, en estos tiempos polarizados, levanta controversia pero no podemos ocultarlos porque, a su modo, los hijos de las victimas también son parte de esa historia no sólo argentina, sino latinoamericana. Esta reflexión me remite a un autor peruano, José Carlos Agüero, quien en su libro Los rendidos. Sobre el don de perdonar, expone su experiencia como hijo de dos militantes de Sendero Luminoso represaliados, cuán dificultoso resulta debatir la memoria de un proceso político y violento que afectó al Perú en los 80 y los 90, desde una perspectiva imparcial y de apertura hacia ese “otro” demonizado. En contraste, esta obra de Pisarello permite comparar esos sucesos con nuestro proceso de memoria y justicia habilitado por el retorno democrático de 1983: a partir de entonces la sociedad argentina, con marchas y contramarchas, pudo realizar el análisis de ese capítulo de nuestra historia, sin omitir nada de sus elementos siniestros, ni tampoco exculpar a los verdaderos responsables del terrorismo de Estado. Esta parte de la historia permite que su autor en el capítulo final, renueve sus esperanzas en las jóvenes generaciones comprometidas con sus ideales y sus aspiraciones colectivas; aunque en ese capítulo, la ausencia de la mención al líder del partido de su padre, el presidente Raúl Alfonsín, como actor de esa gesta, es un silencio elocuente en la pluma de Pisarello. A pesar de estos tiempos, el autor puede regresar al escenario de los hechos dramáticos que vivieron sus antepasados, recuperar sus recuerdos y vivenciar ese legado democrático sigue vigente y es preservado por amplios sectores sociales.
Relato de filiación
La lectura de este libro nos presenta una nueva faceta de Gerardo Pisarello, que no está divorciada de su compromiso político y de su trayectoria pública. Este libro es otro ejemplo de lo que Dominique Viart llama “relato de filiación” o de la “literatura del duelo” explicitada por Barthes, cuyos estilos están amalgamados, con pinceladas como el desfile de la “aristocracia” de la izquierda peninsular y latinoamericana, o como el autor se pasea por un huerto ideológico cerrado, tanto el de un adolescente tucumano de los 90, como el de un político europeo con proyección internacional, alejado del ardiente “Jardín de la República”. Para el autor de estas líneas, quien aún lo recuerda como ese chico de pelo renegrido que se sentaba en el césped de la Plaza San Martín para leer a Oscar Wilde en un grueso tomo de la Editorial Aguilar, admirándolo -y envidiándolo secretamente-, la lectura de este libro me hizo recordar a aquel poema de Konstantin Kavafis: “... Ítaca te brindó tan hermoso viaje… Sin ella no habrías emprendido el camino. Pero no tiene nada para darte”.
Tucumán, para muchos, es su Ítaca personal, desde cuyas orillas huimos, pero con el paso del tiempo siempre regresamos. Y Gerardo Pisarello es otro de ellos, aunque esta vez retorne a través del duelo por demasiadas muertes.
© LA GACETA
Ariel Hernando Campero
Perfil
Gerardo Pisarello nació en Tucumán en 1970. Es doctor en Derecho y profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Barcelona. En 2001 se afincó en Barcelona donde, entre 2015 y 2019, fue vicealcalde. Desde 2019 es diputado y secretario primero del Congreso, en Madrid, donde preside la Comisión de Cultura. Es autor, entre otros libros, de Dejar de ser súbditos (2021) y Una utopía republicana (2024).