Cuando se habla de descanso, la mayoría de las recomendaciones suelen centrarse en lo que ocurre antes de acostarse. Sin embargo, cada vez más especialistas advierten que el sueño no empieza a la noche, sino desde que comienza el día. La forma en que organizamos nuestras rutinas diarias —desde la exposición a la luz hasta la alimentación— puede influir directamente en la calidad del descanso nocturno .

Cómo dormir mejor: qué recomienda el Feng Shui para lograr un descanso profundo

En este contexto, los expertos en medicina del sueño insisten en que no alcanza con tener una buena higiene nocturna: lo que hacemos durante el día construye, paso a paso, cómo vamos a dormir.

  • Uno de los factores más determinantes es la exposición a la luz natural por la mañana, clave para regular el reloj biológico. Este sistema interno, conocido como ritmo circadiano, se sincroniza principalmente con la luz y la oscuridad, y es el encargado de ordenar los ciclos de sueño y vigilia.
  • Otro punto fundamental es la actividad física. Mantenerse en movimiento, especialmente en las primeras horas del día, contribuye a mejorar la calidad del sueño y a reducir el tiempo necesario para conciliarlo. En cambio, realizar ejercicio intenso por la noche puede generar el efecto contrario.
  • El estrés cotidiano también juega un rol central. Las tensiones acumuladas a lo largo del día pueden mantener al organismo en estado de alerta incluso cuando llega la noche, dificultando el descanso. Por eso, las estrategias de relajación y la organización de rutinas resultan clave para favorecer la desconexión.
  • Además, el contacto social y las rutinas compartidas funcionan como señales que ayudan a ordenar el reloj interno. Horarios estables, interacciones tempranas y actividades repetidas contribuyen a generar un contraste claro entre el día y la noche.
  • Por último, la alimentación es otro factor determinante. Dietas equilibradas, con presencia de alimentos naturales y nutrientes como el triptófano, se asocian con un mejor descanso. En cambio, el consumo excesivo de azúcares, comidas pesadas o estimulantes como la cafeína y el alcohol puede alterar el sueño, incluso horas después de haberlos ingerido.