El fútbol americano empezó como una curiosidad, casi como una imagen lejana vista en películas. Hoy, en Tucumán, empieza a tomar forma concreta gracias al empuje de un grupo reducido de apasionados que decidieron traerlo, adaptarlo y hacerlo crecer desde cero. En ese camino aparecen dos nombres clave: Octavio Rivadeneira Serrano y Paulina Serrano.

El punto de partida fue casi casual. “Siempre tuve la inquietud de jugar al fútbol americano. Era un deporte que veía en películas y que me generaba mucha curiosidad”, cuenta Rivadeneira Serrano. Ese interés tomó forma en 2023, cuando volvió a encontrarse con el deporte a través de redes sociales. “Descubrí que en Argentina ya se jugaba, especialmente en Buenos Aires, y a partir de ahí conocí el flag football, que es una de sus variantes”, explica.

El flag football  es una versión sin contacto del fútbol americano, generalmente cinco contra cinco, en la que las jugadas no se detienen con tackles, sino quitando una cinta (flag) del cinturón del portador de la pelota. Se juega en períodos cortos, con cuatro oportunidades para avanzar hasta la mitad del campo y otras cuatro para llegar al touchdown, que vale seis puntos. Luego, existe la posibilidad de sumar uno o dos puntos extra según la distancia de la conversión. Además, no hay bloqueos ni empujones, el balón muerto se determina cuando toca el suelo y el mariscal de campo dispone de un tiempo limitado -habitualmente siete segundos- para lanzar.

Gentileza Octavio Rivadeneira Serrano.

“Empecé a investigar y a entender cómo se jugaba. Es un formato mucho más accesible, con menos jugadores y sin contacto físico”, detalla Rivadeneira. A diferencia del fútbol americano tradicional, el foco está puesto en la velocidad, la lectura del juego y la ejecución rápida. “Eso simplifica la práctica, pero mantiene la estrategia y la dinámica”, agrega.

Pero la idea no quedó en la teoría. Se transformó en acción. “El inicio fue bastante improvisado. No había una estructura previa ni formación específica para entrenadores, así que tuve que capacitarme por mi cuenta”, reconoce. En ese proceso, estableció contacto con el coach mexicano Rubén Rocha, quien le brindó herramientas básicas para comenzar a desarrollar el deporte en la provincia.

El primer gran impulso llegó desde Mendoza. Allí viajaron casi sin planificación, pero con una convicción clara. “Vimos la oportunidad de participar en una clínica y en un torneo, y decidimos ir sin dudarlo”, recuerda Paulina Serrano. La experiencia fue transformadora. “Yo prácticamente no conocía el deporte. Había tenido apenas un primer contacto unos días antes, pero cuando lo jugué me atrapó por completo. Supe que quería desarrollarlo en Tucumán”, afirma.

Gentileza Octavio Rivadeneira Serrano.

Ese viaje marcó un antes y un después. No solo por el aprendizaje, sino también por los recursos. “Recibimos donaciones de equipamiento, como flags, guantes y botines, que fueron fundamentales para empezar”, explica Rivadeneira. Con ese material, dieron los primeros pasos. “Al principio éramos pocos y teníamos que compartir todo, pero eso no fue un obstáculo. Al contrario, nos permitió crecer de a poco”, señala.

Hoy, el proyecto ya tiene nombre propio: Berserkers. El equipo, que en sus inicios se llamó Tejones, fue mutando hasta encontrar una identidad que represente mejor lo que buscan dentro de la cancha. Inspirado en la idea de una fuerza de élite -tomada de la cultura vikinga-, el nombre terminó de sellar el carácter del grupo: intensidad, pertenencia y la intención de hacerse notar desde el primer momento.

Actualmente, el plantel reúne a jugadores que sostienen el crecimiento del deporte en la provincia y apunta a expandirse. “Contamos con un equipo masculino en el que somos 12 jugadores y estamos trabajando para formar uno femenino”, explica Octavio. El interés existe, aunque todavía hay barreras. “Muchas chicas se interesan, pero les cuesta dar el primer paso y animarse a probar”, comenta Paulina.

Berserkers es uno de los representantes tucumanos en esta modalidad de fútbol americano.

En ese sentido, el flag football ofrece características que pueden facilitar la inclusión. “A diferencia del fútbol americano tradicional, no es un deporte de contacto. Se basa en la velocidad, la agilidad y la estrategia”, explica Paulina. “Las jugadas son muy dinámicas y requieren toma de decisiones rápida”. Además, el costo es bajo. “Con botines, flags y un protector bucal ya se puede jugar. No hace falta un equipamiento complejo”, agrega Octavio.

Sin embargo, el crecimiento todavía enfrenta desafíos estructurales. El principal es la falta de competencia local. “Hoy tenemos que viajar a otras provincias para competir, porque en Tucumán todavía no hay una liga establecida”, explica Rivadeneira. De hecho, algunos jugadores ya comenzaron a tener experiencias en equipos de otras regiones, lo que marca un avance en el desarrollo.

A pesar de esas limitaciones, el entusiasmo no se detiene. Los entrenamientos ya tienen un lugar fijo en el parque 9 de Julio (detrás del Palacio de los Deportes) y el proyecto empieza a consolidar su identidad, también a través de redes sociales, donde buscan captar nuevos interesados y darle visibilidad a una disciplina que todavía es novedosa en la provincia.

El fútbol americano en Tucumán atraviesa una etapa inicial, pero con bases firmes. Detrás hay una historia de curiosidad, decisión y aprendizaje constante. Como ocurre con muchos deportes emergentes, el crecimiento no depende tanto de las estructuras como de quienes lo impulsan. Y en ese camino, los Berserkers quieren dejar de ser una curiosidad para convertirse en una referencia.