El 22 de abril reúne en el santoral católico a varias figuras que, desde distintos tiempos y contextos, dejaron huella por su fe, su compromiso y, en muchos casos, por historias atravesadas por el martirio.

Entre los nombres más destacados aparece San Sotero, papa entre los años 166 y 175, recordado por su cercanía con las comunidades cristianas perseguidas y por impulsar la ayuda a los más necesitados. Su pontificado transcurrió en una etapa difícil para la Iglesia primitiva, marcada por tensiones con el Imperio romano.

También se conmemora a San Cayo, quien lideró la Iglesia entre 283 y 296. Según la tradición, debió actuar en tiempos de persecución y reorganizar la estructura eclesiástica, fortaleciendo la disciplina interna en un período de inestabilidad.

El santoral incluye además a San Agapito I, una figura clave en la relación entre Roma y Constantinopla. Durante su papado (535-536), intervino en conflictos doctrinales y políticos del Imperio bizantino, lo que le valió reconocimiento tanto religioso como diplomático.

Otro nombre relevante es San León de Sens, venerado en Francia como un obispo ejemplar que dedicó su vida a la evangelización y al fortalecimiento de la comunidad cristiana en la región de Sens.

Finalmente, el 22 de abril recuerda a San Teodoro de Sicea, un monje y obispo del siglo VI cuya vida estuvo marcada por la austeridad, los milagros atribuidos y una fuerte influencia espiritual en Asia Menor.