La derrota contra Argentinos dejó un sabor amargo en el resultado, pero un rastro claro en las estadísticas. Atlético Tucumán atraviesa una metamorfosis táctica en la que el protagonismo estético le cedió el paso a una estructura pragmática. Tal como dijo Gastón Suso luego del duelo en La Paternal, el equipo hoy tiene una “libreta” clara, aunque todavía le falte capitalizar lo que genera.

“Le cerramos bien los espacios internos, que era lo que nos pidió Julio”, había dicho el defensor. En el pasado, eso habría quedado en una simple percepción. Pero hoy el análisis de datos permite “chequear” esa afirmación.

Antes del desembarco de Julio César Falcioni, el “Decano” era un equipo vulnerable que concedía 1,62 goles por partido (13 en 8 juegos). Hoy, esa cifra se desplomó a un gol por juego.

Lo más revelador es la calidad de lo que concede. Mientras que en el ciclo anterior los rivales gozaban de dos “grandes ocasiones” de gol por partido, hoy el “Decano” logró reducirlas a la mitad.

El equipo de Falcioni prefiere que el rival tenga la pelota (apenas un 30% de posesión el último sábado) pero le prohíbe que ese dominio se traduzca en peligro real.

La clave no es sólo cuántos goles te hacen, sino cómo te llegan. Aquí es donde entra una estadística vital pero poco conocida: las “grandes ocasiones”.

Para el hincha que no está familiarizado con la analítica moderna, una “gran ocasión” no es simplemente un tiro al arco. Se define como una situación clara de gol en la que se espera razonablemente que el jugador convierta (un mano a mano, un remate sin marca dentro del área chica o un penal).

El Atlético de antes promediaba dos grandes ocasiones en contra por partido (16 en 8 juegos). Era un equipo que regalaba situaciones de gol inminente.

Mientras tanto el Atlético de Falcioni bajó ese promedio a exactamente una por partido.

Es decir, el equipo logró reducir a la mitad las chances claras del rival. Esto confirma que el blindaje de los espacios internos que menciona Suso es real. El oponente puede tener la pelota, pero le cuesta horrores encontrar esa rendija para quedar de cara al gol.

La paradoja

Los rivales siguen entrando al área de Atlético casi con la misma frecuencia que antes (unos 18 toques por partido). Sin embargo, la diferencia es la calidad de esos movimientos.

Antes, ingresar a la zona caliente era sinónimo de alerta roja para el “Decano”. Hoy, permite que el rival pise el área, pero lo hace bajo una custodia tan estricta que esos toques terminan en centros o remates forzados. El área dejó de ser una “zona liberada” para convertirse en un laberinto táctico.

Más allá de los 23 remates a puerta que el equipo recibió en los últimos seis partidos (una cifra que suena alta), el análisis revela que la mayoría fueron tiros incómodos o lejanos. Se concede el remate para evitar el mano a mano.

Sin embargo, el fútbol se define en los detalles que la estadística a veces no captura, pero el jugador sí. El gol de Argentinos, según explicó el zaguero, llegó por no poder “capitalizar ninguno de los rebotes o de la segunda jugada”. Y esa es la nueva realidad del “Decano”. Ya no pierde por ser un caos táctico, sino por la mínima desatención en un sistema que exige una concentración absoluta.

Suso recurrió a una palabra poco frecuente en el léxico futbolero actual: “Hidalguía”. En medio de una racha en la que los resultados no acompañan el esfuerzo, el defensor marca el camino: “Hay que tener agallas, hay que laburar y no perder la mentalidad de competir”.

Atlético está aprendiendo a sufrir menos para intentar ganar más. El orden de Falcioni le dio herramientas defensivas que lo alejaron de la vulnerabilidad extrema del inicio del torneo. El desafío ahora es que ese blindaje en el arco propio no termine siendo un ancla para las ambiciones ofensivas.

En el fútbol, atravesar los momentos malos con orden es el primer paso; el segundo será transformar esa solidez en puntos que calmen la ansiedad en 25 de Mayo y Chile.