La expulsión de Luca Arfaras frente a Tristán Suárez no sólo condicionó el cierre de un partido que San Martín necesitaba ganar. También movió otra vez el tablero pensando en la visita del domingo a Agropecuario. Cuando parecía que Andrés Yllana empezaba a encontrar una estructura algo más reconocible, una roja, sumada a lesiones previas, rendimientos cambiantes y búsquedas tácticas permanentes, vuelve a instalar una constante de este arranque de temporada: al “Santo” le cuesta repetir el equipo casi tanto como le cuesta imponer una identidad definitiva.

El dato es elocuente. Aunque el calendario ya marca la fecha 10 (con el partido contra Temperley suspendido), San Martín apenas disputó nueve encuentros y sólo pudo repetir una misma formación titular de un partido a otro. Ocurrió entre la victoria frente a Nueva Chicago y el empate contra San Martín de San Juan. Después, siempre hubo al menos una modificación. A veces fueron retoques mínimos; en otras, verdaderos volantazos. El resultado es un equipo que compite, sigue invicto y se mantiene en zona expectante, pero todavía sin una base consolidada.

En las primeras fechas, Yllana apostó por una estructura más clásica, con línea de cuatro y extremos definidos. Luego apareció un 4-2-3-1 más flexible. Más tarde probó variantes con doble “9”, interiores más sueltos y laterales lanzados. En Santiago del Estero, contra Güemes, sorprendió con una línea de tres centrales que mutaba a cinco sin pelota y a 3-4-3 en ataque. Esa noche el plan funcionó: San Martín ganó, fue sólido y dejó la sensación de haber encontrado una herramienta útil. Sin embargo, una semana después, contra Tristán Suárez, la misma idea perdió eficacia.

Ese recorrido muestra una realidad: Yllana no está aferrado a un sistema, sino en búsqueda permanente. El entrenador privilegia adaptar el dibujo al rival y al momento, pero también revela que aún no encontró una plataforma estable desde la cual sostener automatismos. En la Primera Nacional, donde abundan los partidos cerrados y de pocos márgenes, esa estabilidad suele ser decisiva.

Las razones de tantos cambios no responden a un único factor. Las lesiones fueron un problema desde temprano. La baja de Lautaro Ovando, por ejemplo, alteró el frente ofensivo y le quitó una pieza desequilibrante. También hubo futbolistas con dolencias físicas, como Kevin López en algunos tramos, o nombres administrados por cargas. A eso se sumaron suspensiones: antes había sido Ezequiel Parnisari; ahora será el turno de Arfaras. Y, además, existieron decisiones puramente futbolísticas.

En ese terreno aparecen casos claros. Diego Diellos ganó terreno a fuerza de goles y empujó la discusión con Facundo Pons. Santiago Briñone pasó de alternativa a pieza importante por su capacidad para ordenar el juego. Alan Cisnero ofreció frescura y desequilibrio, aunque no siempre logró continuidad. Laureano Rodríguez, Nicolás Castro, Matías García y Guillermo Rodríguez alternaron titularidades según contexto y plan de partido. El mensaje es evidente: nadie parece tener el puesto asegurado.

Conclusiones

Eso tiene una lectura positiva y otra preocupante. La buena es que San Martín posee variantes y un plantel competitivo, con varios nombres capaces de entrar sin desentonar. La inquietante es que todavía no emerge un “11” que salga de memoria. Y cuando eso ocurre, el funcionamiento colectivo suele resentirse. Porque una cosa es cambiar por riqueza interna y otra muy distinta hacerlo por necesidad constante.

En varios encuentros se vio esa falta de continuidad. El equipo tuvo pasajes convincentes frente a Nueva Chicago, Güemes y por momentos frente a Tristán Suárez. Pero rara vez sostuvo la misma versión durante 90 minutos o de una fecha a la otra. En casa, por ejemplo, dominó partidos desde la posesión, aunque sin profundidad sostenida. De visitante, a veces se sintió más cómodo esperando y atacando espacios. Esa dualidad habla de un equipo adaptable, aunque todavía con varios aspectos por resolver.

La expulsión de Arfaras reabre ahora otro interrogante para ir a Carlos Casares. Si el DT mantiene línea de tres, podría apostar por Diellos acompañado por Benjamín Borasi o reforzar el medio con un volante extra. Si vuelve a cuatro defensores, crecerían opciones como Briñone o Kevin López para poblar la zona interna y liberar a Cisnero por afuera. Incluso podría aparecer Pons como referencia central. Las alternativas son varias; la certeza, otra vez, escasa.

En el fondo, el desafío de Yllana no es sólo elegir reemplazantes. Es definir qué quiere que sea San Martín. ¿Un equipo de presión alta y transiciones rápidas? ¿Uno de control con pelota y laterales profundos? ¿Un conjunto físico, directo y de doble delantero? Hasta ahora mostró fragmentos de todas esas versiones, pero ninguna definitiva.