Desde que Milei empezó su campaña política, financiada por intereses locales e internacionales, se hizo evidente en sus discursos el destino que nos hoy nos toca sobrellevar por haber destruido el país en todo sentido. Esto es obvio porque hasta ahora, no hay nada que pueda considerarse una mejora para el país y la población. Para intuir lo que significaba que este personaje asumiera el gobierno no hacía falta ser discípulo de Nostradamus. Bastaba con escuchar las intenciones explicitas en sus discursos y más conociendo sus antecedentes y la ideología insertada. En sus últimos discursos sin ruborizarse dijo que el PBI aumentó, que la pobreza había bajado como nunca y no se inmutó al decir que la inflación será del 10% en todo el año, aun sabiendo que en marzo ya estamos con un 9%. Prometió que en adelante tendríamos prosperidad por las inversiones y que todo andaría mejor en el país. Sin duda olvida los miles de habitantes sin trabajo, la falta de medicamentos en el PAMI, el bajo sueldo de los médicos, y que todos los días cierra una de cada 10 empresas. Para todos aquellos que se benefician con el gobierno, más todos los inocentes que todavía piensan que puede cambiar, les recomiendo esperar que regrese de Israel, donde concurrió con melosos discursos y divertidas actuaciones. Esto significó que lo distinguieran con diploma Honoris Causa. En retribución a las alabanzas recibidas, Milei manifestó que en noviembre autorizara vuelos directos desde Tel Aviv. Esto sin duda, facilitará la llegada de nuevos inversores interesados en apropiarse de activos que son indispensables para el país.
Humberto Hugo D'Andrea
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