El básquet mundial perdió a Oscar Schmidt, pero su nombre seguirá ligado para siempre a una marca monumental: fue el gran anotador de una era y todavía conserva un récord que lo volvió eterno en los Juegos Olímpicos. El brasileño, fallecido a los 68 años, sigue siendo el máximo goleador histórico del torneo olímpico, con 1.093 puntos acumulados a lo largo de cinco participaciones consecutivas entre Moscú 1980 y Atlanta 1996.
Apodado Mano Santa, Schmidt construyó una carrera descomunal, con 49.737 puntos entre la selección de Brasil y sus clubes. Esa cifra lo convirtió durante años en el máximo anotador de la historia del básquet mundial, hasta que LeBron James superó su registro en 2024. Sin embargo, su vigencia como referencia ofensiva permanece intacta por lo que hizo en el escenario olímpico, donde ningún otro jugador logró desplazarlo de la cima.
Más allá de los números, Schmidt también dejó una decisión que marcó su trayectoria: resignó la posibilidad de jugar en la NBA, pese a haber sido elegido por los New Jersey Nets en 1984, para seguir vistiendo la camiseta de Brasil. Su vínculo con la selección fue total y quedó reflejado en récords, actuaciones memorables y una fidelidad poco común.
La Confederación Brasileña de Básquet lo despidió como un ídolo eterno. Y no exageró: su legado sigue escrito, sobre todo, en ese lugar reservado para los anotadores irrepetibles de todos los tiempos y épocas.