Había una vez un pato gigante, Donald se llamaba, que era el rey de los gallineros; a todos los animalitos los maltrataba, les rompía sus nidos, atropellaba a las gallinas y de sus pollitos, les comía los huevos y sus alimentos; hasta los gallos de riña le temían; era un déspota que hacía las locuras y atropellos que quería y era tanta la soberbia y el poder que ostentaba que se creía invencible. Un bendito día apareció un León blanco bueno, indignado y rabioso por las historias que le habían contado; para su asombro se le presentó y enfrentó. El rey Pato Donald Trump le dijo: “sos un débil ante la delincuencia y pésimo en política exterior “; a lo que el León XIV, respondió: “ No te tengo miedo; los católicos, que somos millones, nos pronunciamos contra las guerras y a favor de la paz y la reconciliación”, y dando un fuerte rugido lo hizo desaparecer del lugar. Esta tragicómica fábula nos lleva a pensar en múltiples historias con resultados funestos que se repiten y que nos deja como moraleja: nada es para siempre, todo se convierte. ¡Basta de guerras!
Francisco Amable Díaz
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