En los equipos que pelean cosas importantes, la competencia interna no suele ser un problema: suele ser una solución. San Martín empezó el torneo con dudas en ataque, con nombres que parecían correr desde atrás y con un funcionamiento que, por momentos, no terminaba de despegar. Sin embargo, en ese contexto Andrés Yllana encontró una respuesta valiosa: la de los jugadores que sumaron pocos minutos, pero que aprovecharon cada ingreso para empujar a sus compañeros y también al DT a revisar decisiones.
Desde la primera fecha hubo señales. En el empate inconcluso contra Patronato, cuando al equipo le costaba romper la rigidez del partido, los ingresos de Laureano Rodríguez, Kevin López y Gonzalo Rodríguez le dieron otra energía. Laureano aportó movilidad en el medio y liberó a López; Gonzalo, en sus primeros avances, mostró desborde; y aunque Diellos no logró gravitar, ya apareció como una referencia distinta dentro del área. No alcanzó para torcer del todo la historia, pero sí para dejar una pista: el banco podía ofrecer respuestas que el desarrollo no estaba encontrando.
En la fecha siguiente, contra Almagro, Yllana volvió a meter mano y otra vez dejó en claro que no se aferra a un “11” rígido. Nicolás Castro entró temprano por Matías García y Diellos ingresó en el entretiempo por Laureano Rodríguez, mientras que más tarde también sumaron minutos Jorge Juárez y “Turbo” Rodríguez. Ese movimiento también mostró algo del ciclo: el DT interpreta los partidos y busca soluciones aun cuando el resultado acompañe.
Pero el quiebre real llegó contra Deportivo Maipú. Ahí la competencia interna dejó de ser una idea para transformarse en un hecho concreto. Kevin López entró desde el banco y cambió la velocidad del medio campo, le dio criterio a la circulación y mostró credenciales para pelear seriamente por un lugar.
Lautaro Ovando hizo todavía más ruido: necesitó muy poco para marcar dos goles y rescatar un empate que parecía perdido. No fueron ingresos decorativos; fueron apariciones que alteraron el mapa del equipo. Después de esa tarde, Yllana ya no pudo mirar igual la conformación del “11”.
Ese impulso tuvo consecuencias rápidas. Contra Nueva Chicago, tanto Ovando como Kevin ya estaban desde el arranque y respondieron. El primero ratificó su gran momento; el segundo fue la figura. Es decir, la competencia no sólo mejoró al equipo desde el banco, sino que además reconfiguró la estructura titular.
Algo parecido ocurrió en San Juan. “Caco” García entró para darle pausa y juego a un equipo que no encontraba conexiones, mientras que Jorge Juárez apareció en la última jugada para sellar el 1 a 1. Otra vez, las respuestas llegaron desde atrás.
La aparición
Y si hay un nombre que resume mejor que nadie ese fenómeno es Diellos. Al principio corrió claramente de atrás. En el debut entró y apenas pudo acomodarse. Después fue sumando minutos sueltos, sin demasiado margen para lucirse. Pero cada oportunidad le sirvió para insistir y para demostrar que podía ofrecerle al equipo algo que estaba necesitando: presencia de área, oportunismo y una cuota de gol que otros delanteros todavía no encontraban.
Cuando le llegó la chance de ser titular, no la desaprovechó. Marcó en Madryn, volvió a convertir contra Chacarita y repitió frente a Güemes en el Madre de Ciudades. En cuestión de partidos pasó de ser alternativa a convertirse en una presión concreta para el resto de los atacantes y en una solución real para el cuerpo técnico.
No fue el único. También Luca Arfaras, aun con actuaciones irregulares, mostró rebeldía para pedir pista; Luciano Ferreyra entró contra Güemes y liquidó el partido con una definición de enorme jerarquía; Elías López respondió bien cuando tuvo que reemplazar a Víctor Salazar; y hasta Santiago Briñone, después de alternar, reapareció para aportar equilibrio en un esquema distinto.
En un plantel largo, esos aportes no siempre se traducen en titulares inmediatos, pero sí elevan el nivel de exigencia interna y obligan a todos a sostener el rendimiento.
Ahí está uno de los grandes aciertos de este San Martín. Yllana no encontró solamente variantes tácticas; encontró competencia real.
Actualmente el entrenador sabe que muchas veces las respuestas no están únicamente en los nombres que salen de memoria, sino en esos futbolistas que esperan su momento y, cuando lo tienen, cambian partidos, alteran jerarquías y amplían el horizonte del equipo. En una categoría tan larga y exigente como la Primera Nacional, ese valor puede ser decisivo. Porque a veces el impulso no llega desde los que ya están afirmados, sino desde los que vienen empujando desde atrás.