Durante los últimos días el país se vio escandalizado por dos investigaciones judiciales que se iniciaron en Buenos Aires a partir de la muerte de un anestesista de 32 años, provocada por una presunta sobredosis de propofol y fentanilo, la cual dejó al descubierto una red de profesionales de la salud que habría sustraído y desviado fármacos anestésicos del Hospital Italiano para emplearlos con fines recreativos. En diálogo con LA GACETA, dos médicos tucumanos, especialistas en farmacología y en el uso racional de medicamentos, explicaron los peligros del uso indebido de los fármacos y analizaron el consumo y abuso de las sustancias dentro y fuera del ámbito medicinal.

El episodio que encendió las alarmas fue la muerte de Alejandro Salazar, médico residente que trabajaba en distintos centros de salud de la Ciudad de Buenos Aires. El 20 de febrero, fue encontrado sin vida en un departamento de la calle Juncal al 4600, en Palermo. En el lugar, los investigadores hallaron frascos de propofol que, según la trazabilidad, provenían del Hospital Italiano, lo que motivó una denuncia judicial y una investigación interna dentro de la institución.

A partir de ese hecho, la Justicia comenzó a reconstruir un entramado que incluye a profesionales de la salud y posibles circuitos informales de uso de anestesia. En ese contexto, dos médicos vinculados al Hospital Italiano fueron apartados de sus funciones e imputados.

Las pesquisas apuntan a reuniones privadas en las que se consumían propofol y fentanilo bajo distintas modalidades. Por un lado, se habrían realizado encuentros de carácter íntimo entre conocidos. Por otro, se investiga la posible comercialización de experiencias denominadas “viajes controlados”, donde los participantes recibían dosis de anestesia con la promesa de alcanzar un estado de relajación o ensoñación.

A raíz de la difusión del caso, la Federación Argentina de Asociaciones de Anestesia, Analgesia y Reanimación publicó un comunicado informando su postura. “A la espera del avance de la investigación judicial pertinente, resulta fundamental señalar que los hechos que han tomado estado público pertenecen al ámbito privado y bajo ningún concepto al ejercicio profesional ni a la práctica asistencial. Queremos llevar tranquilidad a la comunidad: los anestesiólogos de nuestro país desarrollan su tarea con alto nivel de formación, compromiso ético y una vocación permanente por el cuidado de cada paciente”.

Empleo y efectos

Tanto el propofol como el fentanilo son productos farmacéuticos anestésicos destinados únicamente para uso institucional y hospitalario, controlados por profesionales capacitados para asistir al paciente, y cuya circulación ambulatoria y venta a particulares está prohibida por la legislación nacional. Así lo explicaron Lucila Unías (médica y docente de la cátedra de Farmacología de la Facultad de Medicina de la UNT e integrante del Grupo Argentino para el uso Racional del Medicamento), y Jorge Sánchez (médico especialista en farmacología y auditoría de medicamentos y docente en la Facultad de Medicina de la UNT).

El propofol es un sedante que se comercializa envasado en una ampolla y que tiene administración intravenosa. “A los 15 segundos de ser aplicado ya comienza a hacer efecto, pero el tiempo de vida es de 15 o 20 minutos, por eso se lo suele utilizar para procedimientos cortos”, señaló Unías. El fentanilo, por su parte, además de ser un agente anestésico, funciona como un analgésico que provoca alivio al dolor. “Es un opioide sintético derivado de la morfina. Es un fármaco 100 veces más fuerte que la morfina y 50 veces más que la heroína”, indicó Sánchez.

Investigan la muerte de un anestesista por sobredosis con propofol que habrían robado del Hospital Italiano

Ambos fármacos actúan como depresores del sistema nervioso central, es decir que lo apagan. “El riesgo es que al unir ambos depresores aparece un sinergismo de potenciación. Esto produce cuadros de euforia muy cortos, que es la sensación que busca el ser humano cuando recurre ilegalmente a estas sustancias. Aunque también tiene efectos adversos muy graves ya que pueden causar la depresión del centro respiratorio -que se encuentra dentro del sistema nervioso-, y si la persona no está en un medio sanatorial u hospitalario donde tiene una ventilación asistida, puede morir”, sostuvo la titular de Gapurmed.

Abuso y exposición

Según detalló Sánchez, hay un “proceso” en el cual una persona puede pasar del uso indebido al abuso. “Puede ser que -por diversas circunstancias-, primero haga un uso esporádico. En la medida en que lo consuma regularmente, el producto le va a generar tolerancia, es decir que su organismo inicia una relación de neuroadaptación al fármaco y va a necesitar incrementar la dosis para lograr el mismo efecto. Así el paciente pasa del uso al abuso y entra en la droga dependencia, desarrollando una conducta adictiva que se caracteriza por tener compulsión, que es la necesidad imperiosa de buscar el consumo de esta sustancia porque su carencia genera un estado de malestar en el ser humano, llamado síndrome de abstinencia. Genera una dependencia psicológica; necesita consumir para ‘sentirse bien’, porque está buscando un cambio de estado de ánimo”, describió.

Ambos profesionales coincidieron al señalar que el uso indebido de estos fármacos suele estar ligado mayormente al personal del sistema de salud. “Esto lamentablemente se debe a dos circunstancias básicas: por un lado tienen conocimiento de la estructura, la forma y la acción farmacológica. Por otro lado, juega el factor de la exposición y la disponibilidad del producto en su ambiente laboral”, dijo Sánchez.

A partir de la viralización de la causa penal conocida como “Propofest” y del fallecimiento de Salazar, en los medios de comunicación y en las redes sociales circularon comentarios que apuntaban al consumo frecuente de fármacos por parte del personal de salud, ya sea dentro o fuera del ámbito médico-institucional, desencadenado por diferentes circunstancias, como el estrés laboral o las guardias extensas.

“No estoy justificando para nada el uso indebido de los fármacos, pero es cierto que el personal de salud enfrenta permanentemente una presión laboral altísima. A veces los tiempos son cortos para atender a demasiada gente. A veces la falta de descanso lleva a la utilización no solamente de estas dos sustancias, sino de otras, muchas veces para mantenerse despiertos para poder estar atentos a los pacientes o a la guardia”, planteó Unías.

Para la especialista, es necesario replantear el mecanismo de trabajo. “Creo que debería haber una revisión en los sistemas de salud en general respecto a cuántas horas seguidas se trabaja, de fortalecer el descanso del profesional de salud porque no somos máquinas; llega un momento en que el cansancio supera completamente y eso se debería tener en cuenta”, dijo y comentó que en la Facultad de Medicina de la UNT se modificó el plan de estudios en 2020 para que los alumnos sean formados desde una perspectiva más humana y social a la hora de ejercer su profesión y atender a los pacientes.

Controles y desvíos

“Si bien nosotros decimos que hay preponderancia en el ámbito de la salud, no quiere decir que no esté por fuera. Hay personas externas que pueden tener contacto con los fármacos y esto implica una dificultad mayor porque estaríamos frente al circuito del comercio ilegal del producto”, advirtió Sánchez. “Lo que pasó en el Hospital Italiano puede pasar en cualquier institución. Ahí se ve la importancia de la prevención y de los controles de cómo se manejan estos fármacos. En Argentina existe la trazabilidad de los fármacos. Todos los medicamentos vienen con número de lotes, números de partidas que traen los envases. Con estas cifras se puede saber en dónde estuvo el medicamento desde que salió del laboratorio que lo produjo hasta el paciente que lo está utilizando o la farmacia que lo está dispensando. De esta forma se puede advertir si hay un desvío de los fármacos en las instituciones”, concordó Unías.

Educar a la población

Si bien el caso que encendió las alarmas en Bueno Aires involucró a profesionales de la salud, en el último tiempo en Argentina se registraron muertes por sobredosis de personas que accedieron a fármacos a través del mercado negro o en farmacias.

“Absolutamente todos los medicamentos son potencialmente nocivos, unos más que otros. Existen medicamentos de alto riesgo sanitario, como los analgésicos, los anticoagulantes o los anticonvulsivantes. Ser de alto riesgo sanitario significa que la dosis terapéutica que se utiliza está muy cerca de la dosis tóxica. Por eso es importante que un profesional controle siempre la aplicación”, indicó la médica y docente.

Para Unías, algunas de las herramientas clave para combatir el uso indebido y el abuso de fármacos es educar a la población sobre sus peligros y características, y restringir la venta libre de medicamentos. “Se cree que los medicamentos de venta libre no producen efectos nocivos, y este es un concepto erróneo. Todos deberían ser prescritos por un profesional, porque la automedicación es una de las causas más importantes de efectos adversos en las personas. Cuanto más medicamentos consuma una persona, corre el riesgo de que las interacciones sean negativas y aumente los efectos nocivos. La OMS ya en 2017 informó que la tercera causa de muerte en el mundo es por medicamentos. Es importante ofrecer a la comunidad una educación integral sobre los medicamentos; no quedarnos solamente con la promoción de la industria farmacéutica sino buscar información independiente”, sugirió.