En el fútbol hay momentos que no se miden en minutos jugados, sino en todo lo que existe por detrás. Pesan mucho las horas de entrenamiento, los viajes o los sueños que muchas veces se repiten en silencio. Y para Juan Bautista Valdez, los 90 minutos que estuvo sentado en el banco de suplentes, en el duelo por Copa Argentina contra Estudiantes de Río Cuarto, significaron un paso enorme. Fue casi como tocar el cielo con las manos para el juvenil delantero.

Con apenas 18 años tuvo su primera convocatoria en el plantel profesional de San Martín. No le tocó ingresar, pero igualmente vivió una experiencia que difícilmente pueda olvidar. De por vida, Juan llevará grabado en su mente y en su corazón ese momento. “Sentí mucha alegría. Además, también sentí que todo el esfuerzo y dedicación de cada día van dando frutos”, cuenta en diálogo con LA_GACETA, unas horas después de haber retornado a nuestra provincia.

Valdez es oriundo de San José y su historia tiene raíces bien tucumanas. Hijo de Juan Valdez, ex volante central de Central Norte, empezó su camino justamente en ese club, en infantiles, bajo la dirección técnica de Martín Kolchuk.

En 2022 pegó el salto que esperaba desde que comenzó a patear una pelota, en el potrero cercano a su casa. Una prueba en San Martín iba a cambiar el sentido de su vida.

Juan convenció a los ojeadores y quedó. Y ahí nomás comenzó su recorrido en inferiores. Desde entonces fue creciendo en silencio; sumando pasos y absorbiendo cada aprendizaje. En ese proceso, reconoce algo clave. “En mi camino en el club sentí que todos me ayudaron; desde entrenadores, utileros, la coach deportiva, la nutricionista y cada una de las personas que trabajan en el club”, destaca.

Valdez es delantero centro. En esa posición se formó, ahí se siente cómodo; aunque se define como un jugador de ida y vuelta. “Tengo mucho despliegue físico para ayudar a defender y, atacando, manejo ambos perfiles. Tengo buen juego aéreo y llegada al gol”, destaca.

Pero más allá de las condiciones, de acuerdo a lo que dicen los entrenadores que lo vieron jugar en inferiores hay algo que empieza a marcar su perfil; su mentalidad. “Aprendí que tengo que estar preparado para dejar todo cuando me toque ingresar”, dice, como quien entiende que la oportunidad puede aparecer en cualquier momento.

DELANTERO TODO TERRENO. Valdez tiene un buen porte y puede jugar por todo el frente de ataque.

La primera convocatoria fue contra Estudiantes de Río Cuarto

El viaje a Córdoba fue, en sí mismo, una experiencia inolvidable. “Me sentí muy tranquilo y contenido por el grupo, que me recibió de la mejor manera”, cuenta.

Los más grandes también jugaron su partido en lo que fue su primera vez junto al plantel profesional. Lo acompañaron, lo aconsejaron y le marcaron  el camino. “Me dijeron que disfrute cada momento del viaje, y que estaban muy orgullosos por todo el esfuerzo que había puesto”, recuerda. Sin embargo, hay un mensaje que le quedó grabado: “Los más grandes me dijeron que si me tocaba ingresar, dejara todo. Que hiciera lo que sé hacer y que no me guardara nada”.

El partido se vivió con intensidad, incluso desde afuera. “Lo viví con mucho nerviosismo y tensión. Por suerte todo resultó favorables para nosotros y logramos clasificarnos a la próxima ronda de la Copa”, dice, dejando en claro que lo más importante que se llevó de esta súper experiencia fue la confianza: “Esto me da más confianza y ganas de seguir trabajando, con el objetivo de que cuando llegue el momento de debutar profesionalmente, pueda estar a la altura”, agrega.

Después del partido, mientras el grupo se preparaba para iniciar el retorno a Tucumán, llegó el clásico ritual que tiene el grupo: lo raparon. Una mezcla de bienvenida, de complicidad y también de pertenencia. “Hoy sólo sueño con poder debutar y consolidarme en el plantel profesional”, dice con la mirada que mezcla orgullo, ansiedad y sueños.

Valdez no debutó en Córdoba; sin embargo, ese viaje quedará marcado a fuego en su vida.